Mrs. Danvers
Rústica, 130 páginas // 12€
[en preventa aquí]

Los ocho relatos que articulan La nave de los locos comparten espacio, tiempo y punto de vista. Nuestro protagonista es un periodista afincado en una ciudad llamada Nedham, donde tropieza con diferentes individuos sin conexión aparente entre sí, más allá de lo disparatado de las historias que le confían. Se convertirá, tras cada conversación, en una especie de Caronte que conducirá al lector por las aguas turbias de finales del siglo XX, haciéndole partícipe de grandes acontecimientos que se mueven entre la ciencia ficción de serie B y los conflictos de Europa del Este, las aberraciones de la naturaleza y las tecnologías obsoletas, los sueños de la razón y las enfermedades imaginarias, entre el delirio del solitario y la lucidez del místico.

(noviembre de 2021)


Texto de contraportada, por David Monteagudo:

A veces me pregunto qué habría escrito Borges en esta época de la Wikipedia y de los mundos virtuales, en que no hace falta falsificar ningún volumen de la Enciclopedia Británica, porque un chaval con un portátil puede crear un Tlön Uqbar con Minecraft sin salir de su habitación. Pues seguramente Borges habría escrito un libro muy parecido a esta Nave de los locos de Daniel Jándula, un libro de cuentos breve, sustancioso y muy bien escrito.
En contra de lo que una mirada superficial podría concluir, ni Borges ni Jándula tienen mucha imaginación; lo que tienen es mucha cultura, y un buen gusto innato para escoger los temas y relacionarlos. El resultado, paradójicamente, es muy imaginativo, y fantástico, en el sentido más amplio del término.
Por otra parte, La nave de los locos —tal vez sin pretenderlo— revela algunos miedos y obsesiones de esa generación, muy compleja, por cierto, que acaba de cumplir los cuarenta. Del mismo modo que la literatura de ciencia ficción es infalible para conocer no el futuro sino la época en que fue escrita, no hay nada más preciso para conocer el alma del autor, su situación existencial, que sus relatos “inventados”.