Intervalo 13

«Como extranjero en la tierra prometida» (Hebreos 11:9)

I

De esta única frase surgen varias preguntas. Todas alrededor de la extrañeza de la vida en un entorno que nunca termina de ser familiar. Todas ellas relacionadas con la fe en un entorno que debería ser favorable, pero que a su actor le hace vivir como extranjero. ¿Hay algo más desasosegante que verse aislado en su propia cultura? Esta semana querría tener un puñado de respuestas, pero sólo acierto a formularme preguntas. Y cada pregunta, a su vez, desata otra serie de interpelaciones.

¿Tener fe significa que uno se sentirá extraño entre los suyos? ¿Qué significa sentirse extraño?

¿Somos extranjeros cuando abrazamos la fe, o abrazamos la fe para dejar de serlo?

II

¿En qué se diferencia la tierra prometida (aquella en la que Abraham fue extranjero) del mundo nuevo al que va un emigrante? ¿En el recibimiento? ¿En la expectativa?

¿Los movimientos migratorios hacen variar el mapa geopolítico? ¿Cuál es la respuesta de la iglesia a los casi 200 millones de personas que están, ahora mismo, en movimiento, sin tener la opción de asentarse? ¿Qué imagen tenemos de nuestra propia tierra? ¿Son las razones del inmigrante lo que debe determinar el punto de vista sobre su acogida? ¿Qué significa acoger?

¿Es importante establecerse en un lugar? ¿Qué quiere decir “establecernos” en un lugar? ¿Podemos apropiarnos de un espacio? ¿Integramos, o hemos de integrarnos?

¿Qué nos convierte en ciudadanos? ¿Debemos preservar nuestra identidad por encima de todo? ¿Se puede extrapolar parte de nuestra identidad a la realidad social? ¿Cuál es nuestra postura frente a al endurecimiento de las políticas de integración actuales? ¿Hasta qué punto es peligrosa una simplificación del discurso?

III

¿Es la tierra prometida un intento de regresar al jardín del Edén? ¿Cómo imaginamos que era ese jardín? ¿Es comprensible para los demás la historia sobre la caída que se enmarca en ese escenario? ¿Estamos creando una sociedad en base a una idealización, como si hubiéramos de alguna forma asimilado una idea de perfección hacia la que hay que caminar y en la que se incluye al mismo tiempo un concepto de lo que significa el progreso?

¿Es apropiada la idea de un “despertar”? ¿En qué se sustenta esa idea? ¿Cuajaría el concepto en una sociedad cansada? ¿Cuándo dejaremos de lado el manido discurso contra un supuesto posmodernismo, y nos centraremos en entender realmente cómo está configurado el mundo?

¿Cuál es nuestra auténtica contribución al mundo? ¿Va más allá de una defensa de principios? ¿Se sostiene la fe sin necesidad de sentar las bases perpetuamente, o de marcar unos límites, o de apuntar hacia lo que no está bien?

IV

¿Deja de ser prometida una tierra si llegamos a alcanzarla? ¿En qué medida cambia nuestra vida, al mejorar las condiciones que la rodean, por ejemplo en el aumento de la esperanza de vida? ¿No tenemos que revisar nuestras estructuras económicas? ¿Es bueno permanecer siempre en un mismo lugar? ¿No deberíamos pasar de “qué puedo obtener” a “qué puedo ofrecer”?

¿En qué nos perjudica el aumento de la población?

¿Seremos iguales alguna vez? ¿Es lo mismo desigualdad que injusticia? ¿Caben conceptos como “utilidad”, “superficialidad”, o “rentabilidad”, en el discurso sobre la configuración de una población?

¿Reconocemos en los otros esos problemas, prejuicios y falsos dilemas que en el fondo también son los nuestros?

V

¿Qué sentiríamos viviendo como Abraham? ¿Es el mismo vértigo? ¿El mismo celo? ¿La misma ansia? ¿La misma sensación de sentirnos observados?

¿No vivimos acaso en un mundo redondo, global? ¿En qué medida lo que sucede a miles de kilómetros me influye a mí? ¿En qué medida lo que yo hago puede tener consecuencias en lo que sucede fuera de mi ámbito más cercano?

¿Los retos medioambientales de hoy, tan sofisticados, no están fuera de mi alcance? ¿Apostamos por una cultura híbrida? ¿Existe algo puro todavía, si es que alguna vez lo hubo? ¿Dónde estamos nosotros, con respecto a las nuevas tecnologías y a los futuros medios de información?

¿Cuál es nuestra idea de territorio? ¿Tienen sentido las fronteras? ¿Tiene sentido un planteamiento furibundo contra las fronteras? ¿Tenemos capacidad de decisión? ¿Cuál es nuestra idea de libertad? ¿Y de riqueza? ¿En quién recae la culpa siempre sobre lo que nos acontece?¿La clase media es lo único a lo que podemos aspirar? ¿Estamos obligados a pensar de diferentes niveles, a distintas capas? ¿Nos podemos permitir tener dudas? ¿No será que la fe consiste en dudar, pero dirigiendo esa duda hacia nosotros mismos?

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