Resultados de "CONVERSACIONES"

Pedro Hofhuis. Hambre teatral

Creo que no conozco a nadie que sienta y viva el arte escénico como Pedro Hofhuis, antiguo compañero de clase en la ESAD (Málaga), cuya amistad milagrosamente ha pervivido durante todo este tiempo. Reproduzco aquí una entrevista que le realicé en 2012, cuando colaboraba en LaVanguardia.com, a propósito del estreno de su versión de El castigo sin Venganza, de Lope de Vega.

«Vivimos una época de miseria intelectual. Faltan ideas. Faltan ideas.»
Miguel Romero Esteo

Hablar con un director teatral siempre es complicado: incluso cuando el aludido es de la misma ciudad, tiene aproximadamente la misma edad, es de la misma promoción en la Escuela Superior de Arte Dramático (que él tuvo bemoles de terminar), y se comparten más o menos los mismos intereses, este encuentra siempre el modo de que las preguntas se multipliquen a medida que el diálogo avanza…

¿Son tiempos complicados para la creación?

Son tiempos complicados para cualquiera.

Y en tiempos complicados te metes con textos complicados.

Tiene de bueno que no hay susceptibilidad con el texto. Nadie dudará que Lope o Calderón hacen malos versos…

Dices que hacen versos.

Es que los hacen, los crean.

¿Y cuál es el problema de hacer teatro clásico?

Con un texto clásico te expones, te puedes sentir maniatado… he tenido textos malos, pero de ahí han salido buenos espectáculos porque son mil factores los que influyen en el resultado final. Sin embargo, con un texto tan importante como El castigo sin venganza, ya no tienes excusa para un mal montaje…

castigo¿A qué te refieres cuando dices que te expones al texto? ¿Te sientes responsable, o te ves de alguna manera superado por lo que lees cuando empiezas a trabajar?

Siempre he pensado que este tipo de obras solo puedes abordarlas cuando eres un completo ignorante, o cuando el trabajo de investigación y dramaturgia ha sido duro… o bien cuando eres un verdadero sabio. En mi caso me encerré en casa sin salir y leí todo lo que pude sobre teatro en verso… no sé si recuerdas a un profesor de Literatura Dramática de primero, cuando coincidimos en la escuela… decía que “cuando leo una obra me arrodillo, pero cuando la analizo me levanto y me visto”.

(Risas) Sí, nos hacía mucha gracia el modo de decirlo. Es cierto. ¿Y cuál es la razón de escoger a Lope, y El castigo sin venganza entre una producción que se antoja inabarcable?

Salvando muchas distancias, Lope de Vega es como Woody Allen. Tenía un montón de obras maestras y escribía una obra detrás de otra sin parar hasta tener una producción con un rango general de alta calidad. Sus obras menores son excelentes, y las mejores resultan enormes… en el caso de la obra, escogí esta que es de su etapa tardía… creo que es su última gran obra… Lope está a unos pocos años de morir, y en esa época donde adquiere conciencia de su desaparición habla mucho de la recuperación de valores como el honor, el alzamiento del amor por encima de todo. Reflexiona sobre la imagen del padre y su relación con el hijo bastardo, se aferra con firmeza a la idea de la entrega total a la obra sin abandonar las críticas al poder, y sobre todo se reivindica como autor, como poeta.

Vuelve a su poética sobre el arte de hacer comedias.

En efecto. Ve cómo aparecen nuevos poetas que se creen genios sin serlo, y aquí deja una serie de sonetos, como el de “¿Qué buscas, imposible pensamiento?”.

Es el de Federico, en el segundo acto.

Es un ejemplo de perfección que Lope deja a modo de lección para los nuevos, que creen estar inventando el teatro.

Ahí es el Fénix de los Ingenios que decía Cervantes.

Eso es. Es un tipo que reniega de la arqueología espiritual propia de las nuevas generaciones. En la actualidad ocurre algo similar con cada nueva hornada… solo que no tenemos tantos Lopes.

¿Y cómo aplicamos esa perfección en los poemas de Lope? ¿Cómo ponemos en práctica esa sabiduría?

Te puedo contar mi idea desde lo que hacemos en Scena Klásica.

Adelante.

Lope hablaba del teatro como de una “espada dolorosa”. El proyecto y la intención de la compañía parte de la inquietud de que faltan ideas y de lo necesario de volver atrás, de buscar inspiración en las bases.

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¿Cómo es la historia de fundar la compañía?

Todo empezó en unas jornadas de teatro clásico celebradas en Almería. Leyendo el programa observé que eran muy pocos los docentes que participaban en las ponencias, tan solo había un centro de estudios teatrales. Lo que me indujo a pensar que preocupa muy poco la transmisión del teatro clásico a los jóvenes. Creo que no me equivoco.

La educación es clave…

A ningún chaval le resulta pesado acceder a la mitología cuando está bien explicada y representada. De igual manera, cualquiera puede llegar a una obra del Siglo de Oro, no es cierto en absoluto que sea algo para los expertos en la materia. De hecho, el mismo Lope tenía muy desarrollado el sentido de la intuición como espectador y planeaba sus textos pensando en el espectáculo, en la escena. El suyo es un teatro muy físico, muy visceral, a pesar de la alta poesía, y nacía de la intención de devolver el teatro al pueblo…

Contaba cosas que el pueblo quería saber.

No nos engañemos, sus obras tienen mucho de Sálvame Deluxe: intrigas en la corte, cotilleos, sangre… pero la finalidad era emplearlas como herramienta para contar lo que pasaba.

En la actualidad la televisión no cumple ese objetivo.

La tele siempre ha sido el hermano feo que sustituye las restantes relaciones humanas. Llegas a casa y pones la tele sin pensar en el acto mismo de encenderla, el presentador te habla como si fuerais primos de toda la vida. Se supone que nos da compañía, pero es un medio que no nos escucha.

Y ¿qué opinión te merece el teatro contemporáneo?

roberto zuccoNo tengo nada en contra. Yo me estrené con Roberto Zucco, de Koltés. Soy un apasionado de compañías que apuestan por el contemporáneo, como La ví e bel, o La Zaranda. No es una cuestión de gustos, o de complejidad. Se trata de hallar ideas, y en el Siglo de Oro hay más luces que en los textos de la actualidad… de hecho, muchos textos contemporáneos interesantes parten de revisitar a los clásicos. Y todos podemos citar obras que no paran de representarse.

Como El castigo

Cuando estrenamos en Málaga nuestro montaje coincidimos con la compañía Rakatá, que también la ha montado. Son cosas que pasan. Lo emocionante es que haya público que aún quiera verla.

¿Es cierta esa afirmación que tanto se ha escuchado durante los últimos años acerca del estado del teatro, eso de que es el único sector cultural donde no hubo crisis?

Es totalmente falso.

Lo digo porque se están cerrando salas.

Es que durante demasiado tiempo se ha dependido de las subvenciones institucionales de turno.  Las subvenciones no son malas en principio, el problema es que uno se acostumbra a la seguridad, a la normalidad. El público pierde el hambre, y a la vez se cansa de la arrogancia de los que cobran por un caché, que además crea una dependencia de las administraciones públicas muy difícil de solucionar. Vivir de la subvención es un hábito muy malo que da lugar al círculo vicioso que acabo de describir. Los cachés han hecho mucho daño…

Es decir, que no ha crecido la afluencia de público.

Para nada. Y lo peor es que cuando hemos tenido poco, no nos hemos preocupado lo más mínimo por ofrecer una buena herramienta para pensar, una herramienta en forma de espectáculo. Eso es lo que necesitamos.

¿Sería una solución una presencia mayor del teatro en otros espacios, como el callejero?

No necesariamente. Me parece perfecto que se haga teatro en las calles, o incluso en casas. No voy a decir que mi sistema de volver al teatro en verso sea mejor que otro. En estos tiempos no podemos lanzarnos fórmulas mágicas. En nuestra compañía mantenemos prácticas, como la de que todos cobramos igual sobre el precio de la entrada, que nos han funcionado. Pero hay cosas que no nos han ido tan bien y ni siquiera los aspectos positivos son transferibles a otros.

¿Se ha especulado con la escena también?

Ha habido una verdadera burbuja teatral creada a partir de todo lo que acabamos de hablar. Si además de no ser esa espada dolorosa a que aludía antes se participa de una mala administración, pues pinta mal la cosa. Pero se trata de limitarte a quejarte o a intentar ser parte de la solución. A veces pienso que una solución posible es que cada compañía tenga su sala propia, y que las distintas compañías se intercambien esos espacios… pero no lo sabemos porque tampoco es algo que se haya probado con determinación.

¿Qué está ocurriendo en Málaga? Escuela Superior nueva, una especie de resurgimiento del teatro clásico, la designación como capital mundial para el Día de la Commedia dell’arte… ¿sucede algo o es un espejismo?

Están pasando cosas, pero no sabría decir exactamente qué. En el caso de la capitalidad de la Commedia dell’arte el mérito completo es de Javier Oliva y Teatro del Lazzi.

 

***

NOTA FINAL (de 2012): Hace poco tuve una conversación con Iago Pericot, decano del teatro underground catalán, y tenía impresiones similares, tenía las mismas inquietudes que Hofhuis. Sin embargo, partía de premisas diferentes, y me hablaba con apasionamiento de las posibilidades de las nuevas tecnologías, sobre las cuales investiga. Las dos charlas acabaron igual: “pasan cosas, pero no sabemos qué”. Sea como sea, cada uno de nosotros sabe, o deberíamos saber, qué hacer con la parte del espectáculo en la que nos ha tocado intervenir.

Tomás Sánchez Bellocchio. El fin de un año sabático

Pudiendo dedicar la tarde a despedirse de Barcelona, Tomás decidió pasar su último rato de enero de 2016 en una cafetería del Raval destripando conmigo servilletas y relatos. Sabia decisión.

“En Barcelona era donde vivían los escritores”. Con esta idea, con una ruptura y un consejo de escritor mayor, Tomás Sánchez Bellocchio (Buenos Aires, 1981), con una carrera de publicista en pleno desarrollo, decidió a los treinta años hacer ese viaje iniciático que tanta falta le hacía y así vino a España para explorar las posibilidades y esencias del cuento. Un máster primero, y muchas incontables noches  de experimentos y observación después, prosigue con su trabajo de director creativo mientras aún digiere la producción y repercusión de su libro de relatos Familias de Cereal (Candaya, 2015).

Partiendo desde una radical defensa del género breve (tanto en novela como en cuento), que también ha ido matizando a medida que ha crecido como autor, Sánchez Bellocchio saluda a la tradición de Borges y Monterroso, pero también ha encajado bien la influencia de cuentistas totales como Alice Munro y Etgar Keret, asumiendo la condición de David frente a Goliat del cuentista contemporáneo y la intuición como herramienta principal. Mientras cuento esto, trazo como oyente una línea dentro del rock argentino, que nace con Spinetta y Charly García, recrudecida con el trabajo de los magníficos Él mató a un policía motorizado, consistente en el desapego de la historia narrada con respecto al título, una peculiar forma de plagar la narración de imágenes, y la preferencia por temas como la identidad y la muerte; este paréntesis musical no es una anécdota: es una forma de narración perfectamente reconocible en estos cuentos de Tomás (desconozco si él escucha esta música).

Incorporando la tecnología, las nuevas formas de comunicación (o desconexión), la persistencia de la publicidad, a un retrato familiar desestructurado de diferentes formas, esta galería de familias que crean aprensión a la vez que despiertan compasión, se nos muestra con las capas visibles del cronista que ofrece una cierta alteración de filtro óptico para que podamos acercarnos con alguna seguridad. Veremos pasear ese rostro sonriente y ese pálido brillo del que mira a cámara para vendernos seguros y necesarios inventos para la vida moderna, pero también tendremos la oportunidad de encariñarnos de esas señoras que descubren Internet y pretenden esquivar la muerte, de reconciliarnos con el padre gracias a un prodigioso inventario de animales, deleitarnos con una historia de profunda escatología, y por qué no, tratar de cambiar nuestra realidad y la de los otros gracias a la manipulación de los cabezales del VHS. Si bien Tomás se suele quejar de no ser muy prolífico, no tiene más remedio que reconocer que su tiempo sabático ha dado mucho de sí.

Leo destacada en muchas entrevistas la idea de unidad entre los relatos, algo que siempre crea división…

Sí, creo que hay algo orgánico en lo temático, en esta especie de dictado de una voz por encima de la variedad de registros, la variedad de personajes… pero al mismo tiempo fueron escritos a lo largo de mucho tiempo, y sentí que lo que los unía era el título que ha quedado. Personas que los habían leído de forma independiente no hicieron esa conexión que parece haber entre ellos.

Podríamos decir que las historias no las protagonizan tanto las familias como los vínculos.

Sí. Eso me ayudó a descartar otros cuentos a la hora de reunirlos.

He estado mirando anuncios de los años noventa protagonizados por familias que muy bien podrían ocupar la portada de tu libro.

Seguro que ha sido inquietante.

Mucho. Además iban sobre una tecnología que hoy los de nuestra generación veríamos muy obsoleta.

No somos nativos digitales, porque recibíamos los avances con cierta sorpresa, pero los fuimos adquiriendo sin dificultad. Mi primer email, que es el mismo que tengo ahora, lo abrí en 1998. Es bastante tiempo, pero no lo es tanto. Eso nos da una idea de la extrañeza ante la velocidad de nuestra generación y su indefinición.

¿Introdujiste temas como la publicidad o Internet de forma deliberada en tus historias?

Algunas decisiones son conscientes y otras no se sabe de dónde salen. Muchas de las cosas que me preguntan tienen que ver con ideas que no son preconcebidas, y me veo en parte obligado a elaborar un discurso cuando en realidad casi todo nace de una imagen potente a la que voy añadiendo capas.

La decisión de inclinarte por los cuentos, ¿también?

Yo soy cuentista. Lo que pasa es que ahora estoy escribiendo una novela, lo que me sorprende porque no suelo tener paciencia con las novelas, aparte de una obsesión con la forma que me ha perseguido desde siempre. Por otro lado, tampoco pensaba que fuera a poder, creo que es más una cuestión de imposibilidad y amor por el cuento.

¿Has dejado alguna vez un cuento a medias?

No lo recuerdo. Tendría que ser rematadamente malo para que lo abandone.

Me cuesta quedarme con un solo cuento de Familias de Cereal. En algunos casos, me parecía que algunos se pegaban a otros.

Entre los cuentos que descarté, que daban para otro libro, la temática que predominaba era abiertamente política.

Tengo la sensación de que la política es un tema que se intenta evitar.

Son obsesiones. Así como en España tienen la Guerra Civil como un núcleo que a veces sirve de pozo para lugares comunes…

Sigue siendo problemática, desde luego…

Pues para nosotros está la dictadura. La literatura argentina de los últimos treinta años gira alrededor de ese momento oscuro. También me crea problemas el riesgo de caer en lugares comunes con este tema. Siempre hay formas de contarlo de nuevo, de un modo más transversal, más lateral…

En Familias de Cereal tiras más por la crisis económica de los noventa.

Claro, es lo que viví de cerca. Pero he intentado que la metáfora o el símbolo esté enrarecido de tal forma que no veamos solo una crítica social o una narración costumbrista. Creo que para eso está la literatura. En ese sentido, dentro de un cuento como «Ciudad de cartón» lo interesante no lo encuentro en el lado social, que tampoco puedo o debo quitar, sino en el modo de tratar unos terrores nocturnos con la basura de los vecinos.

tsbellocchio02Hiciste un máster en 2011, de Creación Literaria, aquí en Barcelona. ¿Qué aprendiste durante el curso?

Sobre todo tomar distancia y ser más crítico con lo que quería hacer. Salir un poco del cuento y mirar de un modo más general.

¿Estás de acuerdo con la percepción de que tus cuentos son muy latinoamericanos?

Me gusta que se vea, aunque creo que de alguna manera es fácil imitar esa tradición carveriana de la sugestión que tanto ha permeado en la literatura latinoamericana reciente. Yo quería apostar por la forma rioplatense, esa música particular del idioma con las referencias evidentes de Borges y Cortázar, todo lo relacionado con el fantástico. Me interesa mucho Felisberto Hernández, que asumía la búsqueda de un estilo situado entre dos aguas: la cotidianidad del cuento ruso y el artificio, lo extraño.

¿El concepto del juego?

Sí, eso es muy rioplatense también.

Supongo que este punto intermedio ayuda, como mínimo, a crear la sensación de que no hemos leído nada parecido.

Exacto. Pruebas a combinar lo que más te gusta de cada casa y así surge algo interesante.

¿Sigues alguna metodología para escribir un cuento?

Más que un método de trabajo, lo que he tratado de hacer es investigar por qué un cuento concreto me ha marcado como lector. Destriparlo y dejar a un lado la técnica y los recursos. A raíz de esto lo que he descubierto que me funciona es comenzar por una imagen que resulte potente (que casi moleste) y que tenga un valor narrativo, que no sea solo una metáfora.

¿Al final del cuento queda esa imagen, o suele desaparecer?

Normalmente queda, porque trabajo para que se convierta en una escena que pida ser contada, que nos lleve a buscar qué sucede, qué resultados tiene una situación. No es solo un desencadenante. Y sobre todo lo que deseo lograr es aquello que decía Fogwill sobre sus cuentos, que venían como dictados por una voz. Para mí, los mejores cuentos son los que por su intensidad, su ritmo y esa sensación de haber sido dictados, hacen suspender el mundo exterior de quien los lee.

¿Cómo escribiste «Disco rígido»?

Ahí me interesaba trasladar lo que hace precisamente un disco con la información que contiene: ir al principio, buscar los datos, dar saltos en la información…

Pero no hay una reflexión, digamos, científica.

No, para nada. Espero a que llegue el narrador, la voz con la que contar la historia… de modo natural. Así debe ser. Me interesaba la mezcla de registros…

Pero no lo metaliterario.

Bueno, te puede servir para tomar algo de conciencia, pero siempre que se use con frescura.

En «Animales del imperio» utilizas el recurso del saber enciclopédico dentro de un entorno totalmente familiar, casi de salón.

Me gustaba la idea de sentar un contraste, que viéramos la locura entrando poco a poco en la relación entre el padre y los hijos.

Al final, la diferencia entre literatura clásica y contemporánea es que en la segunda ves los hilos. En tu caso me costaba ver el escenario, o la maquinaria, de cada historia, el trabajo de reflexión del propio autor que es tan habitual en la narrativa actual.

Es que ya tenemos una conciencia tan fuerte de ese diálogo realidad-ficción que no tiene interés, a menos que se encarne en una historia donde sea imprescindible, salga de forma fluida y aporte original y verosimilitud.

A las viejas del último cuento [«La nube y las muertas»] les pasa que ya no hay sorpresa, hasta que descubren la nube.

Hay una escena en la que se quejan de lo inverosímiles que son los libros clásicos en la actualidad, una conciencia de que los libros se arruinan en el momento en que su realidad cambia.

Es curioso ese cuento, porque hoy no nos choca tanto que una anciana manipule un ordenador. Recuerdo un libro de Pérez-Reverte [La piel del tambor, 1995] en el que se planteaba algo que entonces me sonó increíblemente grotesco: una anciana que era pirata informática. Y en 2016 sigo sin creérmelo.

Creo que cuando incluimos la tecnología más vanguardista en una historia deberíamos acompañarla de alguna reflexión, aunque sea de fondo, de lo que significa. Yo trabajo en una agencia digital en la parte estratégica, y no damos un paso hasta que no nos planteamos qué quiere decir ese paso, y los resultados o las implicaciones que conlleva.

¿Lo digital ha cambiado tanto el planteamiento de la publicidad como parece?

No tanto en lo creativo como en lo relacionado con la estrategia. La lógica de la publicidad sigue sin cambiar desde hace setenta años, aunque las herramientas sí que han acaparado el interés. Esto es verdaderamente lo que genera desconcierto, de ahí que en mi trabajo dedique mucho tiempo a analizar tendencias, proponer servicios, etc. Obviamente, tengo muy interiorizada la tarea de reflexionar sobre ello.

¿Crees que ha cambiado el lenguaje?

Leía esta mañana un artículo muy interesante de una revista norteamericana que iba sobre el cuento, sobre si podía seguir contando las cosas que contaba antes, sobre el impacto de las redes sociales en las carreras de los escritores, sobre cómo se lee ahora… siento que de algún modo ha cambiado la forma de expresarnos, de vincularnos, y de separar lo privado de lo público, pero tampoco te digo algo muy original. Lo que sí creo que se debe aprovechar, desde la narrativa, es esta serie de percepciones sobre cómo se altera nuestro lenguaje, y no tanto la reflexión sobre el medio que a la larga no conduce a nada.

En el cuento que da título al libro, ¿cuál sería la imagen primordial?

No me interesaba tanto la idea de cómo la gente se siente interpelada al estar frente a una cámara como la imagen narrativa que producía todo lo demás. A partir de esa imagen fue creciendo lo demás. Y luego está tu interpretación. Miguel Ángel Hernández, por ejemplo, escogió una interpretación académica…

En uno de tus artículos hablabas del sentido de responsabilidad. Decías, y cito: “[Javier Adúriz me dijo] ‘Vos ya sos un escritor. Quiero que lo sepas’. Y enseguida me preguntó qué pensaba hacer con eso, como si en el acto de pasarme ese título invisible y antes de que pudiera regodearme con su elogio, ya me cargara una responsabilidad enorme”.

Lo que comentaba ahí era por el destino propio. Me refería al hecho de pasar de ser un publicista al que le interesa la literatura a un escritor con todo lo que ello conlleva. No tenía que ver con el “qué dirán”. Ahora, por otro lado, cuando entro en una librería, me abruma la cantidad de libros que hay. Me pregunto cómo un libro se defiende, cómo se transforma en un objeto importante para alguien… así que en su momento quise hacer un planteamiento a la inversa: qué tiene un cuento o una historia que despierta esa conexión, esa empatía, en el lector. En ese sentido, sí que siento la responsabilidad de repetir esa conmoción en todo lo que escribo. Porque el tiempo que un lector invierte en un libros es valioso.

¿Te interesa más el aspecto emocional o el intelectual en un cuento?

Para mí es algo pendular. Tienes el Borges que es la conmoción intelectual y Alice Munro en el otro lado, que toca lo emocional, te hace sentirte como un igual.

¿Te consideras una persona espiritual?

No, para nada. Soy muy occidental, muy contemporáneo en eso. No me gusta la palabra espiritual. Pero es interesante cómo la gente conecta con una historia y no puede explicar exactamente por qué ni de qué manera. Ese misterio sí me interesa.

¿De qué forma la literatura puede mejorar las cosas?

Bueno, creo que nuestra sociedad vive muy insatisfecha. Veo a la gente cada vez más… sí, insatisfecha, y es preocupante.

¿También en Latinoamérica?

En mi entorno desde luego. Una vez queda cubierta la parte laboral, o profesional, aparece la insatisfacción, muy de esta época. Caprichosa incluso. Con un humor cambiante… a mí esto de escribir… a mí me salva.


TRES RECOMENDACIONES

Pedí a Tomás que me recomendara tres cuentos leídos recientemente y que mantengan viva su fascinación por el género.

fogwill1.- Help a él, de Fogwill.

Es una reelaboración en clave sexual de El Aleph de Borges. Es una absoluta maravilla; ese desafío a uno de los grandes.

andres caicedo2.- Maternidad, de Andrés Caicedo.

Me encanta la potencia de su voz. Quizá peca de ingenuidad, pero lo compensa con su frescura.

eisenberg3.- Twilight of the Superheroes, de Deborah Eisenberg.

Es muy interesante porque es coral, y toma un hecho histórico tan reciente y doloroso como el 11 de septiembre. Y sale airosa del esfuerzo.

Rosa Sala Rose. Una cancioncilla nada inocente

Hasta que leí la his­to­ria de «Lili Marleen», creía que no exis­tía nin­guna can­ción ca­paz de re­su­mir gran parte de un si­glo. Tampoco pensé que una can­ción que siem­pre con­si­deré cursi o an­clada en una época muy con­creta pu­diera con­te­ner tal can­ti­dad de anéc­do­tas, nom­bres, em­bro­llos, in­trigas, dis­pa­ra­tes y cla­ros­cu­ros; no hasta que di con esta Canción de amor y muerte que Rosa Sala Rose pu­blicó en Global Rhythm pri­mero, y puso a dis­po­si­ción vía Seebook des­pués, ante la im­po­si­bi­li­dad de en­con­trar ejem­pla­res en pa­pel de aque­lla mag­ní­fica co­lec­ción en tapa dura sobre bio­gra­fías mu­si­ca­les (de au­to­res y de obras).

Entre los hi­los de los que tira el li­bro, me in­tere­saba es­pe­cial­mente el re­la­cio­nado con el pa­pel de la ra­dio en un mo­mento en el que este in­vento su­po­nía el ma­yor avance tec­no­ló­gico y el me­dio de in­for­ma­ción prin­ci­pal. Así que me su­mergí en esta in­da­ga­ción (los li­bros de Rosa tie­nen ese es­tilo de­tec­ti­vesco) so­bre cómo el re­lato de una es­pera bajo una fa­rola (man­chada de inocen­cia en mu­chas es­cu­chas) pasó a te­ner esa con­di­ción de las gran­des crea­cio­nes ar­tís­ti­cas: la apro­pia­ción y carga sim­bó­lica, se­gún la ideo­lo­gía y el ta­lante de quien la en­ar­bola. Todo ello so­bre el fondo de un tiempo de os­cu­ri­dad y de­li­rio.

Germanista, en­sa­yista y tra­duc­tora, Rosa Sala Rose na­ció en Barcelona, de ma­dre ale­mana y un ape­llido es­pa­ñol atra­pado en una de­cli­na­ción, según sus pa­la­bras por culpa de «un an­ti­pá­tico fun­cio­na­rio fran­quista del re­gis­tro ci­vil tras re­vi­sar el san­to­ral, pues no le cons­taba que hu­biera nin­guna santa con el nom­bre ale­mán que mi pa­dre ha­bía pro­puesto». Desde sus ini­cios aplica un tra­bajo de in­ves­ti­ga­ción ex­haus­tivo so­bre sus temas de es­tu­dio, sea el mito de Medea (fue el ob­jeto de su te­sis doc­to­ral) o el Diccionario crí­tico de mi­tos y sím­bo­los del na­zismo (Acantilado, 2003) con el que ahondó en las raí­ces de la cons­truc­ción ideo­ló­gica del na­cio­na­lismo ale­mán, tra­tando pa­ra­le­la­mente de po­ner sen­tido a una len­gua y una cul­tura apren­di­das desde la cuna, pero que in­cluso tras su li­cen­cia­tura en fi­lo­lo­gía ale­mana, con­ti­nua­ban pre­ci­sando de un sen­tido per­so­nal. De aquel te­rreno ex­plo­rado en su pri­mer li­bro sur­gió El mis­te­rioso caso ale­mán, donde ana­liza la li­te­ra­tura ale­mana desde el si­glo XVIII, a la caza de los tó­pi­cos y pis­tas que pue­dan par­ti­ci­par de esta cons­truc­ción.

Aproximadamente en este mo­mento fue cuando co­nocí su obra, a tra­vés de las con­fe­ren­cias que im­par­tió en la Fundación Juan Marchso­bre este caso y so­bre fi­gu­ras li­te­ra­rias clá­si­cas como Goethe (de cuya au­to­bio­gra­fía Poesía y Verdad fue tra­duc­tora y edi­tora) o Thomas Mann. A par­tir de aquí, se su­merge en la pro­fun­di­dad de los ar­chi­vos his­tó­ri­cos que dio como re­sul­tado el en­sayo Lili Marleen. Canción de amor y muerte (la ex­cusa para esta conversación), la re­cons­truc­ción bio­grá­fica de una vein­tena de per­so­nas que tra­ta­ron de es­qui­var los cam­pos de con­cen­tra­ción es­pa­ño­les (en el fas­ci­nante y la­be­rín­tico La pe­núl­tima fron­tera. Fugitivos del na­zismo en España) y más re­cien­te­mente, El marqués y la es­vás­tica, en un en­sayo de en­fo­que pe­rio­dís­tico es­crito a cua­tro ma­nos con el pe­rio­dista Plàcid Garcia-Planas, con la pre­misa de las tur­bias an­dan­zas de César González Ruano por la Francia ocu­pada, pero con un ob­je­tivo más com­plejo: «tras tres años y me­dio dando vuel­tas por los ar­chi­vos de me­dia Europa y un sin­fín de aven­tu­ras y anéc­do­tas que ex­pli­car y que han que­dado en gran me­dida re­fle­ja­das en el libro, ce­le­bro que Plàcid lo­grara me­terme en esta aven­tura vi­tal e in­te­lec­tual. Por el ca­mino, de ar­chivo en ar­chivo y si­guiendo siem­pre el hilo que nos ha­bía mar­cado Pons-Prades, he­mos en­con­trado a una hija ile­gí­tima de Alfonso XIII, a un poeta checo que ac­tivó el su­rrea­lismo clandestino del París ocu­pado, a un sas­tre ar­me­nio enamo­rado de una re­sis­tente, aun con­tra­ban­dista an­do­rrano que dis­fra­zaba a sus ju­díos de por­tea­do­res, a un me­ce­nas gor­dito de ori­gen ar­gen­tino y nom­bre in­glés…, de­ce­nas de vi­das trá­gi­cas, mal­va­das o gro­tes­cas, pero ab­so­lu­ta­mente reales, a las que he­mos de­vuelto su nom­bre y parte de su re­lato».

En lo per­so­nal, mi en­cuen­tro con Rosa fue a par­tir del pro­yecto Seebook, gra­cias al cual pude dis­tri­buir mi wes­tern experimental Lágrimas por un muerto por me­dio de un sis­tema in­ter­me­dio en­tre lo fí­sico y lo di­gi­tal (hasta hoy me pa­rece la me­jor al­ter­na­tiva a Amazon y otros ser­vi­cios si­mi­la­res). Se ofre­ció a lle­var mi texto a la pla­ta­forma Manuscritics, un re­co­men­da­dor de li­bros para edi­to­res donde pue­den par­ti­ci­par lec­to­res exi­gen­tes, y a raíz de un café pen­diente (que fi­nal­mente se trans­formó en ape­ri­tivo) y un in­ter­cam­bio de ideas y pro­yec­tos que ne­ce­si­tá­ba­mos com­par­tir con al­guien, pro­puse for­mu­larle unas cuan­tas pre­gun­tas so­bre este li­bro que pa­sea en­tre el pe­rio­dismo cul­tu­ral, el en­sayo his­tó­rico, el aná­li­sis mu­si­cal y li­te­ra­rio, el in­forme bé­lico y la avi­dez por la res­tau­ra­ción bio­grá­fica.

Rosa tiene la ca­pa­ci­dad de in­tuir his­to­rias y ha­llar co­sas nue­vas de­trás de cada ele­mento cul­tu­ral, ade­más de la ge­ne­ro­si­dad para ha­blar una y otra vez de sus ideas y au­sen­cia de miedo ante los lu­ga­res co­mu­nes. Fue tras su des­crip­ción de la cos­tum­bre de Goethe de es­cri­bir so­bre las rui­nas que re­cordé un tiempo ol­vi­dado de mi ado­les­cen­cia que pasé ga­ra­ba­teando mis poe­mas so­bre su­per­fi­cies na­tu­ra­les. También po­see una cu­rio­si­dad in­can­sa­ble y una in­te­li­gen­cia des­pierta, ras­gos co­mu­nes en­tre las per­so­nas por las que guardo un apre­cio es­pe­cial y de las que in­tento apren­der con­ti­nua­mente. Y por su­puesto (ca­rac­te­rís­tica que va­loro tanto como las an­te­rio­res) sabe man­te­ner viva y aña­dir ri­queza a cual­quier con­ver­sa­ción.

Hans Leip, au­tor del poema ori­gi­nal «Lili Marleen» (Foto: Google Images).

Una de las pri­me­ras co­sas que sentí al leer tu li­bro fue el peso de la pro­pia can­ción.

Desde luego fue un fe­nó­meno so­cio­ló­gico. También fue un ex­traño triunfo, no pre­me­di­tado, de la cul­tura que se creó du­rante el Tercer Reich. Está aque­lla fa­mosa cita de Steinbeck: «po­si­ble­mente sea la única con­tri­bu­ción po­si­tiva de los na­zis al mundo», que nos da una idea de su re­per­cu­sión. Aunque una de las cues­tio­nes cen­tra­les del li­bro trata de di­lu­ci­dar si real­mente puede con­si­de­rarse una can­ción nazi.

¿Lo es?

A pe­sar de ser un pro­ducto cul­tu­ral ca­rac­te­rís­tico del Tercer Reich, fue la única crea­ción re­le­vante que con­si­guió elu­dir to­dos los me­ca­nis­mos de cen­sura, que eran muy fé­rreos. Por lo tanto, es un pro­ducto na­cido en la época, pero que tuvo una vida pro­pia.

No es pro­pa­ganda.

No, para nada.

¿Se puede de­cir que hay un na­zismo en el con­sumo? Quiero de­cir, ¿el na­zismo llevó a un modo de con­su­mir la cul­tura?

Sí, desde luego. Por ejem­plo, las pe­lí­cu­las de es­ca­pismo del cine nazi, que aquí en España fue­ron me­nos co­no­ci­das, son pe­lí­cu­las de pro­pa­ganda, muy me­lo­dra­má­ti­cas, que fil­tra­ban cier­tos va­lo­res de forma su­til y cuyo ob­je­tivo prin­ci­pal era dis­traer a la po­bla­ción de los desas­tres y los ho­rro­res de la gue­rra. Por en­ton­ces, mu­chas ciu­da­des ale­ma­nas es­ta­ban siendo bom­bar­dea­das, la si­tua­ción de la gue­rra en dos fren­tes pre­sa­giaba un mal re­sul­tado, y es­tas pe­lí­cu­las eran pro­pa­ganda en la me­dida en que fa­vo­re­cían el es­ca­pismo del pú­blico, para que no se re­be­lara, ni hu­biera nin­gún afán crí­tico, ni re­vuelta…, se for­ma­ban co­las tre­men­das en los ci­nes.

¿Y du­rante los pri­me­ros años, los del as­censo de Hitler al po­der?

Los pro­duc­tos que lle­va­ban una es­vás­tica ven­dían mi­llo­nes de ejem­pla­res. Había pas­tas de dien­tes y hasta bo­las de Navidad con la es­vás­tica. Se fa­bri­ca­ron ma­si­va­mente bus­tos en bronce de Hitler. El sím­bolo re­pre­sen­taba algo muy cool, hasta que por 1934-35 se frenó por parte de Goebbels cual­quier tipo de ba­na­li­za­ción o de con­sumo ma­sivo. A par­tir de ahí se con­troló me­ticu­losa­mente la fi­gura del dic­ta­dor.

Y se ha lle­gado a ba­na­li­zar ahora.

Son ob­je­tos de co­lec­cio­nismo. Hay un mer­cado de co­lec­cio­nis­tas que no sue­len darse a co­no­cer, y que no ne­ce­sa­ria­mente son se­gui­do­res del na­zismo en cuanto a ideo­lo­gía. Muchos de ellos sien­ten un ex­traño morbo por esta clase de ob­je­tos, como por ejem­plo una acua­rela de Hitler muy me­dio­cre. Aunque esto nos aleja de la can­ción.

Sí, pero me in­teresa cómo nos apro­xi­ma­mos a todo lo que tiene que ver con la cul­tura de aque­lla época. De he­cho, y por aquí que­ría ir, todo lo re­la­cio­nado con la can­ción tiene en mi opi­nión la cua­li­dad de ha­cer que quie­ras apro­piár­tela casi para cual­quier cosa.

Antes de­cía­mos que la can­ción es am­bi­gua, en el sen­tido de que tiene un «yo» lí­rico mas­cu­lino pero in­ter­pre­tada por una mu­jer, tiene ele­men­tos mi­li­ta­ris­tas (la ver­sión ori­gi­nal in­cluye un to­que de cor­neta) pero a la vez es ro­mán­tica, es una can­ción sur­gida en tiem­pos de gue­rra y muy can­tada por los sol­da­dos, pero en la que el sol­dado acaba mu­riendo… Es an­ti­gua…, per­dón, am­bi­gua…

Bueno, tam­bién es an­ti­gua.

Sí [ri­sas]…, am­bi­gua y de di­fí­cil in­ter­pre­ta­ción, creada en una época de ex­tre­mos, de ideo­lo­gías muy mar­ca­das. Tengo la teo­ría de que en esos mo­men­tos de ex­tre­mos, pre­ci­sa­mente sea la am­bi­güe­dad la clave para el éxito co­mer­cial. De to­dos mo­dos, es una de es­tas teo­rías que no se pue­den de­mos­trar.

Para no car­gar más de tó­pi­cos la can­ción, ¿qué ten­dría­mos que qui­tar­nos de en­cima, qué pre­jui­cios ne­ce­si­ta­mos eli­mi­nar a la hora de es­cu­charla?

Un tó­pico que me ha­bía pro­puesto com­ba­tir, de un ori­gen tal vez más ale­mán, y per­te­ne­ciente a una ge­ne­ra­ción an­te­rior (dado que aquí no se co­noce de­ma­siado la his­to­ria de la can­ción), era el de la su­puesta inocen­cia que la ro­dea. Acabar con esa sen­sa­ción de que «bueno, al me­nos los na­zis hi­cie­ron esto bien», esa suerte de re­den­ción del na­cio­nal­so­cia­lismo, a tra­vés de una can­ción que tam­bién can­ta­ron los alia­dos. Para la ge­ne­ra­ción de aque­llos que com­ba­tie­ron en la gue­rra era una ne­ce­si­dad en­con­trar algo a lo que aga­rrarse cuando acep­ta­ron que, en efecto, no ha­bía nada de bueno en ese ré­gi­men. La can­ción ha so­bre­vi­vido como un ele­mento de esa época que pu­diera re­cor­darse sin sen­tir culpa. Y como mí­nimo que­ría cues­tio­nar ese prin­ci­pio de bus­car algo bueno, lo que sea, den­tro del ho­rror. No se puede de­cir que «Lili Marleen» sea una can­ción nazi, pero desde luego no es inocente.

Existe esa le­yenda de que la can­ción de­te­nía las ba­ta­llas en el frente en cuanto sonaba.

Sí, el pro­pio hijo del com­po­si­tor re­ne­gaba de esa his­to­ria.

Norbert Schultze, el com­po­si­tor que adaptó la par­ti­tura ori­gi­nal de Rudolf Zink para la ver­sión más co­no­cida de «Lili Marleen» (Foto: Günay Tulun).

¿El éxito se de­bía a la le­tra, o más a la me­lo­día?

Ese es otro mis­te­rio de la can­ción. Entre los alia­dos, el éxito em­pezó por el frente de África, de­bido se­gún la teo­ría a la ex­pan­sión de las on­das de so­nido que lle­ga­ban más le­jos cru­zando el de­sierto. Los sol­da­dos en ge­ne­ral ne­ce­si­tan dis­traerse: en el caso de los bri­tá­ni­cos, la mú­sica que ofre­cía la BBC no les dis­traía, por­que te­nía una mar­cada in­ten­ción ilus­tra­tiva; los ame­ri­ca­nos, al con­tra­rio, y por las di­fe­ren­cias que ha­bía en­tre las dos for­mas de ha­cer ra­dio, tu­vie­ron claro desde el prin­ci­pio que ha­bía que po­ner más mú­sica, so­bre todo más swing. ¿Qué pasó en­ton­ces? Hartos de su emi­sora, los bri­tá­ni­cos con­si­guie­ron es­cu­char desde tan le­jos las me­lo­días de los enemi­gos. No en­ten­dían las le­tras en ale­mán, pero la mú­sica les gus­taba. Crearon nue­vas ver­sio­nes con le­tras dis­tin­tas, y no tar­da­ron en te­ner in­cluso ver­sio­nes por­no­grá­fi­cas. La can­ción era in­do­ma­ble: no solo fue im­po­si­ble po­nerle coto en Alemania, sino que a la in­te­li­gen­cia bri­tá­nica tam­poco le in­tere­saba que sus sol­da­dos can­ta­ran una pieza que hu­biese triun­fado en­tre los ale­ma­nes.

¿Qué hi­cie­ron los bri­tá­ni­cos para pa­rar ese con­ta­gio?

Tuvieron un giro ge­nial den­tro de la pro­pa­ganda, una gran ocu­rren­cia: la con­vir­tie­ron en bo­tín de gue­rra. En los do­cu­men­ta­les de los ci­nes men­cio­na­ron que, en­tre tan­ques, gra­na­das, y los pri­sio­ne­ros que fue­ran, se ha­bían apo­de­rado de «Lili Marleen». A par­tir de ese mo­mento, se ofi­cia­lizó el de­re­cho a que los bri­tá­ni­cos la can­ta­ran, y más tarde los ame­ri­ca­nos.

Aunque el rock y el jazz no per­mi­ti­rían que fuese tan co­no­cida en EE.UU.

No, desde luego tuvo más éxito en­tre los bri­tá­ni­cos. Entre los es­ta­dou­ni­den­ses la ver­sión que cuajó fue la de Marlene Dietrich, con un cam­bio en la le­tra ha­cia un ma­yor op­ti­mismo.

No se po­dría ha­ber he­cho con otras can­cio­nes que fue­ran… di­ga­mos de gue­rra…

Fue la ra­dio quien dio su ver­da­dera fama a esta pieza. Sin la his­to­ria de la ra­dio de aque­lla época se­ría in­con­ce­bi­ble todo lo que la ro­dea.

El auge de la ra­dio como me­dio de co­mu­ni­ca­ción de ma­sas no te­nía pa­ran­gón.

Fue un gran ins­tru­mento de pro­pa­ganda. Para po­der trans­mi­tir los men­sa­jes na­zis a cada ho­gar Goebbels mandó fa­bri­car ra­dios muy ba­ra­tas, de forma ma­siva, algo que an­tes era un ob­jeto al al­cance de muy po­cos.

El apodo de las Volksempfänger te­nía que ver con Goebbels… la na­riz…

El ho­cico de Goebbels, sí. Nadie lla­maba a la ra­dio por su mo­delo o su tí­tulo ofi­cial, li­te­ral­mente es­cu­cha­bas lo que de­cía la «Goebbels-Schnauze». Eran unos tras­tos fá­ci­les de tras­la­dar, y ve­nían sin­to­ni­za­das de fá­brica, para que no tu­vie­ras la ten­ta­ción de es­cu­char otras emi­so­ras. Por su­puesto, hubo quien con­si­guió tru­car­las, pero era pe­li­groso que te des­cu­brie­ran es­cu­chando la BBC.

¿Y por qué que­rrías es­cu­char la BBC, siendo ale­mán?

Porque así te en­te­ra­bas de lo que real­mente su­ce­día en el frente. Las ra­dios ale­ma­nas po­nían, ade­más de los bo­le­ti­nes y los par­tes de gue­rra (mu­chos fal­sea­dos), mú­sica li­gera.

La eva­sión como pro­pa­ganda. ¿Y «Lili Marleen» se po­pu­la­rizó en Alemania a tra­vés de es­tas ra­dios?

En reali­dad se co­menzó a emi­tir desde Belgrado, desde una ra­dio mi­li­tar que te­nía un gran al­cance. Desde esta emi­sora, que tam­bién al­can­zaba a los ci­vi­les, la can­ción  tuvo (y eso sí está res­pal­dado por gran can­ti­dad de tes­ti­mo­nios) un pa­pel de unión en­tre los sol­da­dos del frente y sus fa­mi­lia. De al­gún modo, ha que­dado mar­cada por las his­to­rias de los com­ba­tien­tes que de al­guna forma sa­bían que cuando es­cu­cha­ban la can­ción en la ra­dio, sus fa­mi­lia­res es­ta­rían con toda se­gu­ri­dad re­ci­biendo las mis­mas no­tas y en ese mismo mo­mento, siem­pre dos mi­nu­tos an­tes de las diez de la no­che en hora ale­mana.

Da la im­pre­sión de que fue una pe­queña con­quista para los que de ver­dad vi­vían la gue­rra.

Lo más cerca que es­tuvo el ejér­cito ale­mán de amo­ti­narse y cau­sar una re­vo­lu­ción fue el día que Radio Belgrado dejó de emi­tir «Lili Marleen». Empezaron a lle­gar mi­les de car­tas desde el frente, exi­giendo que vol­vie­ran a po­nerla. Creo que fue el único co­nato de re­be­lión. Imagino que los al­tos man­dos del ejér­cito ce­die­ron al dar a los sol­da­dos ese pe­queño ca­pri­cho, ta­chado de de­rro­tista, a cam­bio de evi­tar ma­les ma­yo­res.

La muerte del sol­dado, con esa ima­gen de la fa­rola alum­brando el si­tio donde se es­pera que debe apa­re­cer, solo apa­rece en la ver­sión ale­mán, ¿ver­dad?

Sí, desde el mo­mento en que la Dietrich la hace suya, se trans­forma el fi­nal ro­mán­tico para apos­tar por una vi­sión de re­cons­truc­ción… y luego cada país ha in­ser­tado sus pro­pios tó­pi­cos al adap­tarla, como esa ver­sión tan cha­ba­cana que se puso de moda en­tre la División Azul [ri­sas].

¿Es po­si­ble ana­li­zar la mú­sica ale­mana en su con­junto sin se­pa­rar­nos de esta época?

No, en ab­so­luto. La ca­pa­ci­dad de in­fluen­cia de la ideo­lo­gía en prác­ti­ca­mente to­dos los ni­ve­les de la vida hace muy di­fí­cil en­trar en un jui­cio pu­ra­mente es­té­tico o ha­cer di­vi­sio­nes. Por ejem­plo, las can­cio­nes po­pu­la­res de las pe­lí­cu­las de es­ca­pismo (mú­sica y le­tra casi siem­pre es­cri­tas por ju­díos), que mi ma­dre re­cor­daba muy bien de su in­fan­cia (ella te­nía trece años cuando acabó la gue­rra) se han con­si­de­rado muy su­per­fi­cia­les; sin em­bargo, te­nían un tras­fondo com­ple­ta­mente li­gado a la si­tua­ción del mo­mento. Una de las can­cio­nes de este es­tilo más fa­mo­sas y más bo­ni­tas, «Sé que, al­gún día, su­ce­derá un mi­la­gro»[1], una pieza fun­da­men­tal en la tra­di­ción de este cine (que por cierto, era prin­ci­pal­mente mu­si­cal), fue es­crita bajo unas con­di­cio­nes bru­ta­les de ais­la­miento y tor­tura, en vein­ti­cua­tro ho­ras, por un ju­dío ho­mo­se­xual y bajo la men­tira de que la vic­to­ria de Alemania se­ría in­mi­nente. En la mú­sica clá­sica tam­bién está la casi om­ni­pre­sen­cia de Wagner, y su an­ti­se­mi­tismo que cada vez más está fuera de toda duda.

El jazz tam­poco se es­cu­chaba…

Pero Goebbels sí que co­que­teó con él, como vehículo de pro­pa­ganda.

Lale Andersen, pri­mera in­tér­prete de «Lili Marleen»

Lale Andersen, pri­mera in­tér­prete de «Lili Marleen»

No deja de sor­pren­derme el he­cho de que todo el peso de un mo­mento his­tó­rico pa­rezca re­caer so­bre una única can­ción.

Cuando em­pecé a pro­fun­di­zar en la in­ves­ti­ga­ción, pensé que una can­cion­ci­lla me per­mi­tía ha­blar de la his­to­ria del si­glo XX: la le­tra es de la Primera Guerra Mundial. La mú­sica per­te­nece a un com­po­si­tor nazi. Lale Andersen, la can­tante que la lleva a la fama, era apo­lí­tica pero es­taba enamo­rada de un ju­dío que vi­vía exi­liado en Suiza [Rolf Liebermann], luego Marlene Dietrich, que con­so­lida la, di­ga­mos le­yenda, re­pre­senta a los que hu­ye­ron a Estados Unidos… Es de­cir, que la can­ción, con todo lo sim­ple que es, y hasta cierto punto in­tras­cen­dente, traza una lí­nea com­ple­ta­mente trans­ver­sal y tensa por la Europa del si­glo pa­sado y acaba con la in­ter­pre­ta­ción, muy in­tere­sante y quizá me­nos co­no­cida, de la pe­lí­cula de Fassbinder [2].

También en el mo­vi­miento hip­pie exis­tió como re­fe­ren­cia.

Con una sim­pli­fi­ca­ción ho­rri­ble de «Lili Marleen» como una es­pe­cie de can­ción pa­ci­fista. Llegaron a sa­lir ver­sio­nes de Lili en su boda [ri­sas].

Está la tec­no­lo­gía tam­bién.

Claro, tra­zas una lí­nea desde las lám­pa­ras de gas hasta la his­to­ria de la ra­dio. Luego abre ca­mino para ha­blar de los fren­tes bé­li­cos… Es como una es­pe­cie de pompa de ja­bón que re­co­rre el si­glo y al fi­nal se rompe sola, por puro ago­ta­miento. Es cu­rioso ade­más que sea tan des­co­no­cida, que mu­cha gente no sepa ni la me­lo­día, ni si­quiera re­cuerdo cuándo la es­cu­ché por pri­mera vez.

¿Tienes al­gún re­cuerdo aso­ciado a la can­ción?

A un día de in­ten­sí­simo ca­lor en Alemania. Estaba un do­mingo en Baviera, de tu­rismo, y lo único que en­con­tré abierto fue una li­bre­ría de viejo. Tenía tanto tiempo y abu­rri­miento que miré todo con mu­cha calma. Uno de los li­bros que en­con­tré fue la au­to­bio­gra­fía de Lale Andersen, que es­taba bas­tante in­flada de con­te­nido, pero en esen­cia era ver­dad. Me in­teresó lo que de­cía la so­lapa res­pecto a que toda la ca­rrera mu­si­cal de Andersen se sos­te­nía por una única can­ción. Así que en el viaje de vuelta en tren me leí el li­bro con la idea de des­mi­ti­fi­car, o ma­ti­zar, esa his­to­ria, que te­nía mu­cho po­ten­cial pero es­taba con­tada con de­ma­sia­dos ador­nos y llena de con­tra­dic­cio­nes. Y poco a poco fui re­co­pi­lando todo el ma­te­rial so­bre la can­ción que ca­yera en mis ma­nos.

¿Qué ver­sión de «Lili Marleen» te gusta más?

La de Rudolf Zink, el pri­mer com­po­si­tor que tuvo la le­tra. Es el gran per­de­dor de la his­to­ria. Acabó ol­vi­dado, lle­ván­dose lo peor de la gue­rra en el frente ruso, per­dió su casa y su tra­bajo de ban­quero. Fue la víc­tima, y eso que era el pre­fe­rido de Lale Andersen. Sin em­bargo, la mú­sica que hoy to­dos co­no­ce­mos es obra de Norbert Schultze, quien realizó una ver­sión com­ple­ta­mente dis­tinta, me­nos lí­rica que la de Zink, más rít­mica y des­fi­la­ble (hay quien dice que co­piando la me­lo­día de  un anun­cio pu­bli­ci­ta­rio ra­dio­fó­nico de pasta den­tí­frica). Este era un tipo que es­taba en­tre los pre­fe­ri­dos de Hitler (en su lista con los que eran exo­ne­ra­dos de ir al frente por su im­por­tan­cia cul­tu­ral), y lo­gró es­qui­var todo el jui­cio pos­te­rior al na­zismo. Murió con bue­nas ren­tas, tran­quilo, en su casa de Mallorca, a los ochenta y tan­tos años.

Vaya per­so­naje.

Este acabó como pre­si­dente de la GEMA, que viene a ser algo así como la SGAE de Alemania [ri­sas].

Era una can­cion­cita me­nor, ¿pero fun­cionó igual que otros re­fe­ren­tes cul­tu­ra­les de los años 30, te­nía esa con­di­ción de algo per­dido y más pro­fundo que la nos­tal­gia?

No, no lle­gaba a tanto. Es lo que de­cía­mos an­tes, que nunca fue muy im­por­tante desde el punto de vista es­té­tico, es­tric­ta­mente mu­si­cal. De to­das for­mas, yo pienso que la ver­sión de Dietrich tiene un grado de be­lleza y un po­der evo­ca­dor que no per­cibo con otras de mismo mo­mento, o con «La Marsellesa», o «Mambrú se fue a la gue­rra», por ci­tar al­gu­nas. Fíjate cuando canta la Dietrich lo es­tu­diado que está todo. La en­to­na­ción de los lu­ga­res en los que cantó la can­ción, al prin­ci­pio, su pat­hos trá­gico en las úl­ti­mas es­tro­fas… A mí me pa­rece ge­nial.

¿Se puede me­dir el im­pacto del pa­sado en un país, más allá de la his­to­ria cul­tu­ral?

Creo que sí, sé que hay va­rias ma­ne­ras. Por ejem­plo, me pa­re­ció muy ori­gi­nal el des­cu­bri­miento de algo que en so­cio­lo­gía lla­man la «curva de Adolf». Imagínate que tie­nes un niño que nace en 1934 y le po­nes de nom­bre Adolf. ¿Qué es­tás di­ciendo con ello? No es un nom­bre inocente en esa época de as­censo del na­zismo, y tam­poco fue nunca un nom­bre co­mún, como Iván, para que te ha­gas una idea. Ese niño Adolf, na­cido en 1939, hace to­da­vía más evi­dente la in­cli­na­ción po­lí­tica de los pa­dres. Por lo visto hubo una caída in­creí­ble­mente brusca de Adolfs en las par­ti­das de na­ci­miento desde 1943. Lo fuerte es que, desde en­ton­ces, na­die en Alemania tiene la idea de po­ner a su hijo Adolf.

En cuanto a la cul­tura como me­dida de im­pacto, creo que en el caso de la mú­sica ha per­dido parte de ese fe­nó­meno co­lec­tivo que fue en otros tiem­pos. Hoy los des­cu­bri­mien­tos son más in­di­vi­dua­les, la re­per­cu­sión en una so­cie­dad de eso que ahora lla­ma­mos «con­te­ni­dos» es di­fe­rente. Sí te­ne­mos fe­nó­me­nos glo­ba­li­za­dos, y por su­puesto un ac­ceso más in­me­diato, pero hace tiempo que un «pro­ducto» cul­tu­ral no es co­di­cia­ble, como lo fue esta can­ción.


NOTAS

[1] «Ichweiß, es wir­dein­ma­lein Wundergescheh’n», com­puesta por Bruno Balz, for­maba parte de la pe­lí­cula Die Große Liebe (Rolf Hansen, 1942), pa­tro­ci­nada por la UFA y pro­ta­go­ni­zada por la can­tante y ac­triz sueca Zarah Leander, que vino a su­plan­tar a Marlene Dietrich y Greta Garbo cuando se exi­lia­ron a los Estados Unidos, y acabó ocu­pando el co­ra­zón del Tercer Reich. Hay una cu­riosa ver­sión de esta me­lo­día rea­li­zada por la de­li­cio­sa­mente de­ca­dente Nina Hagen bajo el sim­ple tí­tulo de «Zarah». No con­fun­dir el tí­tulo de la pe­lí­cula de Hansen con la opera prima de Otto Preminger, muy an­te­rior (1931), y am­bien­tada en la I Guerra Mundial.

[2] Lili Marleen, de R. W. Fassbinder (1980) es­taba ba­sada en la au­to­bio­gra­fía no­ve­lada de Lale Andersen (Der Himmelhatviele Farben), en­car­nada (cómo no) por Hanna Schygulla con el nom­bre de Willie.

Fotografía de Rosa Sala Rose: rosasalarose.com.

Lili Marleen. Canción de amor y muerte. Rosa Sala Rose. Seebook (Barcelona, 2015).


 

 MATERIAL EXTRA

 
 – SELECCIÓN DE AU­DIOS REA­LI­ZADA POR ROSA SALA ROSE
 

– GRABACIÓN DE 1939 SO­BRE LA PRI­MERA PAR­TI­TURA DE RUDOLF ZINK

El abecedario de Pilar Bar Var

En lugar de una entrevista al uso, le propuse a mi amiga Pilar Bar Var (Bogotá, 1979) un cuestionario con el que repasar sus diferentes trayectorias como dibujante e ilustradora. Conoced su vida, trabajo e inquietudes de la A a la Z.

A de ARTES. ¿Cómo te picó la curiosidad de dedicarte a dibujar, ilustrar, etc.? ¿Qué parte del trabajo te gusta más?

Creo que la vocación artística la heredé de mi abuela Edelmira, modista y costurera, toda talento y recursos. Ella me enseñó la importancia de su oficio y la habilidad de encontrar nuevas alternativas para todo. La parte de mi trabajo que más me gusta es la búsqueda de elementos para materializar ideas y manifestar emociones a través del Arte. Cuando digo “elementos” me refiero a conceptos y formas que se van relacionando entre sí como piezas que encajan y dan como resultado una nueva obra consistente y autosuficiente. Me gusta el proceso de experimentación con los materiales y los conceptos. Y la evolución de las ideas, desde su germen abstracto hasta su materialización en piezas concretas.

B de BÚSQUEDA. ¿Qué buscas lograr con el arte?

Mi realización como ser humano. Creo que todos desempeñamos un papel en nuestro breve paso por el planeta y creo que el mío tiene que ver con el Arte. Busco agitar emociones, generar conocimiento y difundir cultura a través del Arte. Quiero compartir los resultados de mis experimentos y que en ese proceso, alguien se sienta identificado con las obras y de cierta manera pueda servirse de ellas para satisfacer alguna de sus necesidades (emotivas, expresivas, sensuales, intelectuales o la que cada cual considere). Creo que el Arte y sus manifestaciones pueden ayudarnos a encontrar el sentido de nuestra existencia o por lo menos a enriquecerla. Quizás es demasiado pretencioso, pero es lo que me gustaría lograr con mi trabajo.

café colombianoC de COLOMBIA. ¿Qué es lo que más echas de menos de tu país de nacimiento? ¿Qué problema principal de allí borrarías de un plumazo?

Echo de menos a mi familia, a los amigos y amigas que aún me quedan por allí. También echo de menos las frutas, los paisajes y la biodiversidad. Y en referencia a los problemas, borraría toda manifestación de violencia y discriminación social, los desplazamientos forzados de la población rural, los enfrentamientos armados, la corrupción y la actitud agresiva de ciertos colombianos.

D de DIARIO. ¿Cómo es un día normal en tu trabajo? Si es que existen días normales…

Cada una de mis jornadas es un acompasado ritmo de sesiones de trabajo «alimenticio», seguido por unas relajantes rutinas de natación y finalmente unas intensas horas de trabajo en el taller. Así un día normal se convierte en una rica coreografía, espontánea y controlada a la vez, en la que no hay lugar para el aburrimiento.

E de ENFOQUE. ¿Trabajas con fotografías? ¿Cuánto debe desenfocarse, o enfocarse, una imagen para captar tu atención?

Sí, trabajo con fotografías, son mi memoria visual. Es curioso que menciones lo del desenfoque porque soy miope y sin gafas veo todo borroso. Es un defecto bastante interesante porque te permite ver la versión abstracta y ajena a todo referente que está implícita en la realidad.

F de FIN. ¿Cómo decides que ha llegado el momento de poner fin a una obra o proyecto?

Cuando cierro la circunferencia al rededor de la motivación de dio inicio al proceso y cuando el resultado de la experimentación (técnica y conceptual) es lo más cercano posible a la idea que en principio tenía en mente. A continuación hay un breve período de saturación y pánico, en el que debo tomar cierta distancia de todo lo relacionado con el proyecto. Luego viene la etapa de reconciliación, que suele coincidir con la puesta en escena y/o exposición al público de los resultados del proyecto. Esta parte es muy interesante, porque en ese momento la obra se enfrenta a otras perspectivas, a los puntos de vista de los que reciben estos resultados y los interpretan a su manera. Y esa es la verdadera realización de la obra.

G de GRACIAS. ¿A quién le das las gracias hoy, y por qué?

A ti, por compartir tus luchas y tus hallazgos. Por tu interés en mis inventos y por la divulgación que haces de ellos. A todos aquellos que me han brindado una oportunidad en algún momento. Y al universo en general, le estoy siempre muy agradecida por dejarme hacer parte de todo esto.

H de HELADO. ¿En invierno baja tu consumo?pilar bar var

El consumo de helado es uno de mis hábitos permanentes; vengo de la zona tórrida, donde no hay estaciones que determinen cuando debes dejar de tomarlo. Los mejores helados del mundo no los define el lugar dónde los preparen, sino el momento en el que los disfrutas y la compañía con quien lo compartes. Ayer mismo, disfruté un sencillo y exquisito helado de vainilla, ¡todo un pequeño placer!

I de INTIMIDAD. ¿Te centras más en la intimidad propia, o tiendes más a observar los gestos e interioridades de los demás?

En principio en mi propia intimidad. Aún no tengo los recursos ni las habilidades para aproximarme a la intimidad de los demás. Pero sí siento que mis obras y mis proyectos tienen cierta conexión con la intimidad de quienes las reciben.

J de JUGUETES. ¿Qué papel juegan (nunca mejor dicho) en tu obra?

Son interruptores de emociones, contenedores de recuerdos y materializaciones de fantasías. Han sido bastante protagónicos en mi obra, por sus connotaciones metafóricas y por la facilidad con la que nos permiten manifestar nuestra imaginación a través de ellos. Los juguetes son las herramientas que nos permiten vivir otras realidades, es una pena que a medida que nos vamos haciendo mayores, vamos olvidando cómo funciona ese cotidiano y fantástico proceso creativo.

K de KRALJEVICA. Has expuesto un dibujo en Belgrado. ¿Estuviste presente? ¿Qué siente uno cuando ve sus dibujos irse tan lejos?

Por cuestiones logísticas no pude estar presente en esa exposición, así que el dibujo tuvo que valerse solo en ese evento, pero creo que lo hizo bastante bien. Es muy emocionante sentir que los dibujos son una extensión de tu propia esencia y que pueden transmitir y expresar, a cientos de kilómetros de distancia, lo que tuviste la intención de comunicar en el momento en el que los creaste.

L de LÁPIZ. Comentas en tu web que siempre partes del dibujo. ¿Te fijas mucho en los materiales que utilizas, o tu dedicación va más al tema o la técnica?

paletaLos tres elementos que mencionas: materiales, tema y técnica, son los pilares estructurales de todos mis proyectos. De la buena conjunción entre ellos depende la eficacia de las obras, y considero que es necesario dedicar especial atención a cada uno: al tema, porque es el cerebro del proyecto; a los materiales porque son la carne y los huesos que le dan cuerpo; y a la técnica, porque es el desarrollo del sistema que da vida a cada uno de mis experimentos.

M de MÚSICA. ¿Trabajas con música?

Sí, la música está presente siempre. No solo en mis procesos creativos, sino en cada una de mis rutinas. No sé qué sería de mí sin la música. Como te comentaba anteriormente, todos mis procesos son un baile constante.

N de NUBE. Participas(te) en un proyecto llamado Cultura en la nube. ¿En qué consiste?

Es un evento anual que organiza Casa de América, en el que se reúnen varios agentes culturales (artistas, músicos, bailarines, diseñadores, actores, arquitectos, etc.) para compartir sus experiencias sobre la difusión de sus procesos a través de internet. En esta oportunidad, una de mis obras, la serie Retículas, fue seleccionada junto a las obras de otros artistas, para formar parte de una exposición colectiva que complementó el evento. La muestra estuvo abierta al público del 8 de octubre al 18 de noviembre de 2015 en las instalaciones de Casa América de Madrid, pero aún puede visitarse de modo virtual en el site de Arte en la Red.

Ñ en ESPAÑOL. ¿Crees que nuestro idioma llega a expresar todas las cosas importantes? ¿Se recurre a herramientas como el dibujo para completar lo que la lengua no siempre puede o sabe contar? ¿Hay algún idioma que te  guste más que el español?

Considero que «lo verbal» es una de las vías con las que contamos para expresar o transmitir lo que deseamos comunicar, y cada idioma tiene sus particularidades. El español es particularmente rico en matices, y en términos artísticos esa es una cualidad bastante apropiada. Con respecto a lo de «la expresión de las cosas importantes», es complejo, porque «lo importante» no se puede simplificar ni generalizar, no responde a ninguna convención universal y por lo tanto sus formas expresivas no se pueden homologar. Y aquí radica una de las características más útiles del dibujo y del Arte en general: que nos permite expresar «lo importante» en sus infinitas variantes. El español es mi lengua materna y me permite comunicarme con el mundo. Pero el inglés es mi lengua favorita, por su naturaleza directa y breve, y por la exactitud con la que dice justo eso que tiene que decir sin extenderse en explicaciones.

O de OSCURIDAD. ¿Qué tono de oscuro (del HB al 9B) le ves a este mundo? ¿A qué cosas le pondrías o borrarías tonos de darknessoscuridad? ¿Es importante la oscuridad en el Arte?

Yo diría que el mundo está atravesando un momento muy negro, más aún que el grafito 9B, sería más bien un pierre noir, que es el tono más oscuro del carboncillo. Le borraría tonos de oscuridad al futuro, me da mucha pena que los niños y niñas de hoy tengan que vivir en un planeta que va perdiendo su brillo.

Pasando al tema del Arte, la oscuridad es muy importante en este campo. En términos de percepción, la oscuridad desempeña un papel parecido al de los silencios en el sonido. Solo el contraste nos permite ver o escuchar. Aunque en ciertas circunstancias solo podamos percibir ruidos o escalas de grises. Pero quizás a través del Arte sea posible restarle un poco de oscuridad y de ruido al futuro…

P de PROYECTOS. ¿En qué proyectos estás ahora? ¿Sigue adelante Valor de Cambio?

Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto que relaciona la música y el dibujo. Se titula Musicophilia y se ha materializado en la primera edición de una serie de «sencillos» coleccionables y un fanzine. Habrá más ediciones de esta colección, pero de momento solo hemos publicado la primera, adorablemente impresa en la máquina risográfica de mis camaradas de Fábrica de texturas.

El proyecto Valor de Cambio sigue en pie, abierto a propuestas hasta que se terminen los billetes de «1 Valor».

Q de QUESO. Si no me equivoco, eres fan del queso… ¿Cuál es tu preferido? Si me equivoco, ¿qué es lo que más te gusta comer, además del helado, que no implique cocinar?

¡Te veo muy bien informado de mis preferencias gastronómicas! Efectivamente, el queso, el vino y las frutas son la base de mi alimentación. Mis quesos preferidos van variando según la estación y el lugar en que me encuentre. Por ejemplo, en este momento estoy pasando por la temporada del Comté, un queso francés delicioso, que va perfecto con un buen vino blanco o incluso con frutas. ¡Los pones juntos y tienes un excelente maridaje!

R de RECOMENDACIÓN. ¿Qué artistas han influido más en tu obra? ¿Qué obras de otros recomiendas?

Cuando me preguntan esto,  vienen  a mi mente tantos artistas que significan mucho para mí que no sé por dónde empezar. Así que cada vez que contesto a esta cuestión, lo hago siguiendo estos tres criterios: 1) artista internacional de larga trayectoria, 2) artista colombiano y 3) artista joven. De esta manera puedo ir citando poco a poco a todos los artistas que han influido en mi obra. En esta ocasión mencionaré a:theo-jansen-strandbeest

1) Theo Jansen, artista holandés, cuyo interesante proceso creativo titulado Strandbeest vincula ciencia y Arte de manera brillante.
jose antonio suarez londoño
2) Jose Antonio Suarez Londoño, un artista colombiano por quien siento un profundo agradecimiento, ya que a través de su obra aprendí que el dibujo es una herramienta conceptual muy valiosa y que el intimismo es un tema perfectamente válido en el Arte contemporáneo.
alexandra mccormick
3) Alexandra McCormick, joven artista colombiana cuya obra trata temas muy complejos de manera tan sencilla y poética que consigue acercar el Arte a todo tipo de públicos y los invita a trascender en sensibilidad y conocimiento; y lo hace con cada uno de sus proyectos.

 

S de SECRETO A_C. ¿Qué supone para ti esta obra?

Supone un secreto pasado, muy bien guardado, que solo vio la luz a través un tríptico de dibujos hechos en técnica mixta sobre papel, titulado precisamente así: Secreto A_C. Los secretos suelen ser una buena materia prima para el Arte. Y el dibujo una excelente manera de aprovechar la fuerza centrifuga de su clandestinidad.

secreto a_c

T de TELETRANSPORTE. Mientras termino de inventarlo… ¿qué destino elegirías en este instante?

Lo primero que se me ocurre en este mismo instante es… ¡Croacia y Nueva Zelanda! Teletransportando en 5, 4, 3, 2, 1, 0, ¡fiuuuum!

musicofiliaU de UNIVERSO. ¿Observas mucho el cielo? ¿Qué piensas en esos momentos?

Sí, me encanta la observación astronómica. A propósito, justo por estos días fue la lluvia de las Leónidas; espero que quienes estéis en zonas de poca contaminación lumínica hayáis podido ver esta lluvia de estrellas preciosa. Cuando observo el cielo pienso en lo insignificantes que somos los seres humanos, diminutos en medio del espacio inconmensurable. También pienso en lo afortunados que somos al poder hacer parte del ecosistema de este planeta tan interesante, aunque nuestra existencia sea casi efímera comparada con la longevidad de las estrellas y demás cuerpos celestes. Una buena lección de humildad, ¿verdad?

V de VIAJE. ¿Cada cuánto tiempo, aproximadamente, haces la maleta? ¿Qué libros te sueles llevar en el equipaje?

Intento que sea muy a menudo, porque además de la música, la natación y el Arte, los viajes son otro de los elementos fundamentales de mí día a día. Los libros que me acompañan en cada viaje siempre van a juego con el proyecto en el que estoy trabajando en ese momento. Por ejemplo, los dos que llevo ahora son Musicofilia de Oliver Sacks y The BFG de Roald Dahl. Además de libros, siempre llevo conmigo una bitácora de viaje en la que dibujo todas las experiencias del camino. He ido publicando algunas en mi web. Aquí puedes ver la de mi viaje a Colombia y aquí la de Thailandia. ¡Próximamente habrá más viajes y mas dibujos!

W de WESTERN. Te tocó hacer las ilustraciones para un western… ¿cuál fue el principal desafío de ese proyecto?

¡Oh, sí, qué proyecto más bonito! Las ilustraciones para Lágrimas por un muerto han sido un proceso muy interesante, porque en principio me sacaron de mi «zona de confort», me montaron en un caballo y me llevaron de viaje por paisajes que nunca antes había indagado con mis dibujos. Además de engancharme con la lectura del libro, tuve que investigar sobre el tema, documentarme a conciencia, ver películas y escuchar de nuevo los discos de las bandas sonoras de las películas de vaqueros que tanto le gustan a mi madre. Después de la concienzuda lectura del western en cuestión, del proceso de documentación y de varias jornadas de trabajo en los dibujos, encontré un resultado que me parecía apropiado para complementar los textos. Fue un proceso de experimentación técnica muy entretenido que me permitió combinar procedimientos tradicionales con tratamientos digitales con los que se logró un resultado muy agradable. Me encantó la experiencia y espero que haya más de esos viajes.

Grafito sobre papel

X para EXPOSICIONES. ¿Sueles explicar mucho el modo de exponer tus obras? ¿Tiendes a implicarte lo más posible y en todos los aspectos que puedas en el modo en que tus dibujos se exhiben?

Eso depende del «agente» con el cual me comunique. Es decir: si estoy hablando con los organizadores de la exposición, trato de ser lo más explícita posible, para que lo que busco transmitir con las obras llegue de manera directa y eficaz a los espectadores. De la precisión en los detalles depende un buen montaje, y si eres claro en las explicaciones seguramente conseguirás una buena exposición.

Si el agente con el que me comunico es el espectador/participante de mis experimentos artísticos, no suelo explicar mucho. Prefiero que sean ellos quienes interpreten la experiencia a su manera. Si explico demasiado, quizás condicione su mirada y limite sus interpretaciones. Aquí cabe apuntar una excepción: dado que muchas de las personas que manifiestan interés en mis obras están muy lejos de aquí y no tienen la oportunidad de venir a ver las exposiciones, suelo publicar posts en mi blog, en los que comento con mucho detalle y documento con fotografías cada uno de los eventos en los que presento mis proyectos. De esa manera las personas que están lejos (como mi familia en Colombia y mis amigos en otras partes de mundo), también pueden participar en mis experimentos.

Y de YA. ¿Qué sorpresas me puedes anticipar? ¿Te consideras una persona impaciente?

En un futuro próximo habrá sorpresas editoriales. Estoy dibujando para nuevos proyectos que tienen que ver con Arte, música y poesía. Además estoy experimentando en tres dimensiones con papeles y cartones. Más adelante te daré detalles de los resultados, lo prometo. Y a propósito de anticipación y expectativas, soy una persona muy paciente que espera tranquilamente y disfruta los medios tiempos.

Z de ZAPATOS. ¿Qué opinas de las fotografías con zapatos como protagonistas?

¿Te he contado que uno de mis trabajos «alternativos» es hacer fotos de conciertos? Bien, pues en esas ocasiones, algunas de las tomas recurrentes son precisamente los zapatos de los músicos.

Me resulta interesante capturar el momento en el que están en escena, sostenidos por la persistencia en su trabajo, la vocación que los lleva a crear a través de la música y el par de zapatos que han elegido para cada concierto. Así que hago unas cuantas fotos de sus zapatos, las incluyo en mi pequeña colección particular e imagino ficciones a partir de esas imágenes.

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Isabel Urzáiz. Narrar es un acto de voluntad

Su disco de 2014 What Journey Is This? supuso para mí la gran sorpresa de ese año. Está lleno de melodías asombrosas y de un gusto literario poco común. Como colaborador de la revista Ruta 66 tuve la oportunidad de intercambiar mis impresiones con su autora, Isabel Urzáiz, y de paso compartir algunas reflexiones sobre narración y música folk.

Cuando escuché What Journey Is This?, disco de Isabel Urzáiz firmado con el nombre de Lanimal (mezcla de los términos lámina, animal y ánima) me acordé inmediatamente de un disco no muy conocido de Caedmon’s Call (40 acres, 1999), que descubrí hace cerca de quince años. Ellos parten también de referencias literarias (en las canciones que no lo hacen hablan de temas personales) y de la recuperación de la melodía en el folk, aunque su folk es sureño, tratan otras cuestiones y emplean muchos más instrumentos musicales, con un conjunto coral, propicio para una audiencia grande al aire libre (así los pude ver en el 2000, en un festival celebrado en Texas). Sin embargo, a pesar de las diferencias, sentí las mismas cosas con el disco de Lanimal, la misma emoción (el de Urzáiz es sencillo e intimista, directo a la melodía); quise guardarme de igual manera esas canciones y que sonaran solo para mí.

Estas preguntas van dirigidas a ti, pero en cierto modo es como si les preguntara a ellos. Espero no ser descortés.
No es descortesía en absoluto. Me emociona mucho que mis canciones te produzcan las sensaciones que describes y que, a través de tus preguntas a mí, trates de encontrar respuesta a las que habrías hecho a otro grupo (o incluso otros grupos) que te han hecho vibrar. Me hace sentir parte de una belleza universal.

¿De dónde sacas la luz para seguir haciendo canciones hermosas, cuando todo lo que nos rodea es un canto a la desolación?
Una de las frases que más me repito a mí misma viene de una letra de Belle and Sebastian: “Do something pretty while you can, don’t fall asleep…”

Creo que en este mundo gris, de prisas, y estrés, y tensiones, y en general un alejamiento de las cosas verdaderamente importantes de la vida, y esta absurda falta de tiempo que nos hemos generado a nosotros mismos, por nuestro propio bien debemos esforzarnos por detenernos y generar belleza y emoción. Eso implica buscar en nuestro interior. Está ahí, tenemos que encontrarlo y sacarlo a la luz. Debería ser un ejercicio diario obligado por ley.

El acercamiento al folk y a las leyendas, ¿es un acto de voluntad? 
Absolutamente. Es probable que mi mayor pasión sea la literatura, no sé si por encima o por debajo de la música. Incluso me dediqué a ello completamente durante años: fui investigadora en la Complutense y tengo una tesis doctoral acerca del post-simbolismo francés. Pero es que, además, en general no me gusta escribir en primera persona y, en cambio, me encanta narrar historias, o más bien crear imágenes, que nos representan a todos nosotros, y que probablemente siempre nos han representado, porque estoy bastante convencida de que la esencia del ser humano ha cambiado poco a lo largo de los siglos.

¿Crees que los mitos nos alertan sobre nuestra condición y nuestros errores? ¿Hemos olvidado la importancia de conocerlos?
La respuesta a las dos preguntas es afirmativa. Por falta de tiempo tendemos a creernos que lo que tenemos en cada momento entre manos es lo único que importa en el mundo. Y lo digo por propia experiencia, con total humildad. Nos falta el tiempo para tomar perspectiva sobre nuestras vidas y nuestras emociones. Es impresionante lo mucho que puede uno aprender sobre la propia humanidad (individual y colectiva) al leer, no únicamente mitos o leyendas, sino en general a los escritores de épocas antiguas.

isabel urzáizEl proceso de composición, ¿nace de la curiosidad por una historia? Dicho de otro modo: ¿pones la música a lo que intuyes como una historia por contar, o es algo más complejo? 
Al revés, es muchísimo más sencillo. Yo siempre parto de una melodía, no de una historia. Es la melodía la que me inspira la narración. Y encontrar la melodía es algo así como rebuscar en una cajonera con los ojos cerrados. Está ahí, al final toparás con ella.

¿Cuándo y cómo sabes que una canción está terminada?
Cuando se sostiene perfectamente con mi voz y mi guitarra y me emociono al cantarla, porque al cantar estoy narrando una nueva historia… o narrando de nuevo una vieja historia.

¿Es mejor quitar elementos a una composición, o tener una estructura básica y añadir a partir de ahí?
Lo ideal es lo segundo, para mí. Cuanto más rápido y sencillo el proceso de composición, más directa e inmediata la emoción, o al menos así es como yo lo veo.

¿Cómo se han integrado los restantes miembros?
A Diego, el batería, lo conozco desde hace muchos años; le propuse en primer lugar ensayar algunas canciones y eso hicimos, los dos solos, durante un tiempo. A Nacho, el bajista, me lo presentó un amigo común, con gran acierto. Edo nos llegó tras probar a muchos guitarristas sin éxito. Todos nos hemos complementado a la perfección porque hemos trabajado mucho para ello. Por último tengo que hablar de David Gwynn, nuestro productor, que ha metido muchas de las guitarras en el disco, porque es así de generoso y porque Edo tuvo que volver a Italia. David ha hecho suyo el proyecto desde el primer momento. Me he sentido completamente comprendida por todos. Estoy muy agradecida.

¿Crees que hay belleza en la nostalgia? ¿Todo es celebración o pérdida en la música?
¡Es una combinación de preguntas complementarias! Sí, lo siento por caer en el tópico, pero sí creo que hay belleza en la nostalgia (y soy muy fan de los tópicos). Pero también creo que tan bonita puede ser una canción sobre un gran desamor, como una canción sobre un paseo por el campo, o el encuentro con un extraño. Si hay una emoción que expresar, puede haber una canción. Y hay emociones de todo tipo y condición, eso es lo bueno. Las hay blancas, negras, y de todos los tonos intermedios.

Ese toque de western en «Naxos»… me parece que también está en «Rain», aunque quizá más presente en el ritmo… crea un ambiente distinto. También veo que en cualquier momento uno puede tomar prestado lo que necesite de cualquier estilo. ¿Piensas que hay en tu trabajo diario alguna forma de invitación (a ti como compositora pero también al oyente) a salir de las formas conocidas? ¿Tienes miedo de quedarte en una tradición muy marcada? 
Creo que como mejor puedo responderte es explicándote que, cuando compongo, no tengo especial intención de incluirme en una tradición, ni especial miedo de quedarme estancada en ella. La sensación que tengo al componer es de total libertad. Compongo literalmente lo que me sale, y me siento completamente identificada con el resultado a muchos niveles. La música que escucho habitualmente (que no es mucha) no tiene casi nada que ver con lo que compongo. Por otra parte no tengo, al menos por el momento, grandes intenciones de cambiar de estilo.

¿Es este disco un proyecto aislado, o vendrán más con el nombre de Lanimal?
Si vienen más melodías, habrá más discos. Y no creo que pueda dejar de componer, así que…  pero también te digo que no tengo prisa por hacer el siguiente disco. Vendrá cuando sea el momento adecuado.

Olga Martínez y Paco Robles. Hablando con conocidos

Tenía ganas de hablar con Olga y Paco sobre las interioridades de su proyecto editorial, situado en el reino de Candaya. En cuanto pude encontrar un hueco, les convoqué para viajar por su catálogo. Por entonces no sabía que acabaría publicando un libro con ellos. Y aunque desde este encuentro han pasado años y la editorial ha crecido, la esencia de su proyecto se mantiene intacta.

El Coro es un café de Vilafranca del Penedès (Barcelona) que se creó a finales del siglo XIX como reproducción de los lugares de tertulia literaria y política que proliferaban en la capital. El Cafè del Comercio, como se llamaba entonces (también adquirió apodos como El corona o el Café del Niño), tuvo entre sus parroquianos a personajes adictos al chocolate con churros como Josep Pla o Manuel Milà i Fontanals. El trabajo de conservación de su interior permite al visitante desayunar en penumbra y junto a silbidos de cafetera, y sobre las mesas de mármol blanco mientras percibe en las posaderas la misma dureza de los asientos que pudo sentir el periodista, dramaturgo y autor de folletines (además de académico, político vinculado al Partido Liberal y gobernador civil de Málaga en 1883) Teodor Baró, asiduo al lugar. Poco a poco fue dejando de ser la sede oficial de los castillos humanos del pueblo (aunque sirvió de almacén varios años después), y en la actualidad ha quedado como un lugar de conversaciones a media voz bajo los soportales donde se encuentra, o de animadas tardes de verano familiares, cuando la plaza del ayuntamiento aparece salpicada de resoles producidos por largos vasos de cristal y modernas mesas de aluminio.

El Coro es un escenario fabuloso para ambientar una historia policíaca de esas de barrio, gracias a sus lámparas redondas, el reloj antiguo de estación, la máquina de tabaco con su pila de periódicos atrasados, portadainvasion259x384y las mesas escondidas del interior, casi siempre vacías. También es un buen entorno para situar visiones insólitas: Invasión, la última novela de David Monteagudo, arranca con un hombre que desde la terraza de este café (aunque podrían ser muchas otras terrazas) ve aparecer un gigante y su vida tan segura comienza a tambalearse.

Una tarde me cito allí con Olga Martínez y Paco Robles, responsables de Candaya [1], para hablar de su catálogo y su vocación editorial, acompañados de una pausa en la ola de calor de julio y rodeados de horchatas y refrescos. Les conocí cuando en mi antiguo blog publiqué una reseña de J.F.K., de Sergio Galarza, en la que exponía por qué no me había gustado. Ambos editores me escribieron personalmente, y de aquel intercambio epistolar surgió una cordial relación que hoy sigue creciendo en admiración. De hecho, siempre me han dejado encantados experimentar con sus libros nuevas formas de hablar de mis lecturas (experimentos de los que esta web está llena). Cuando me mudé con mi familia a Vilafranca del Penedès, descubrí que, además de amigos y colaboradores (he tenido el privilegio de presentar dos de sus libros), seríamos vecinos.

Cuando vais a decidir sobre una publicación, ¿qué criterio seguís?

Paco: De entrada buscamos que un libro nos sorprenda. Bien por el enfoque, por el tema, el estilo. Que no sea una historia más.

Olga: Yo sigo creyendo en aquella frase conocida de Kafka, de que un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros. Tiene que ser algo que de alguna manera te transforme, que proporcione elementos para bucear en nuestro tiempo.

Que no necesariamente esté pegado a la actualidad… ¿o sí?

Olga: Sí y no. Que dé claves para entender el mundo en el que vivimos. El mundo inmediato, pero también el mundo de las obsesiones, los miedos, las carencias…

Paco: Lo que no hemos publicado nunca es novela de mero entretenimiento.portadamodolinterna260x388

Olga: Buscamos pequeñas herramientas para entender este mundo confuso. Me gusta la idea de Chejfec de una literatura que no simplifique la realidad, sino que la haga más compleja.

Paco: Piglia dijo, cuando le dieron el Formentor, que la literatura cuenta cómo sobreviven los hombres en esta intemperie que no tiene fin. Por ahí va la cosa.

Es decir, que el foco es el público, y no tanto vosotros.

Olga: Si nos cuentas a nosotros en ese público también, claro. Nosotros no somos muy diferentes a los lectores. Los libros nos llegan de forma muy azarosa y de alguna forma tu catálogo es tu biografía.

Paco: Está muy discutido. Se considera poco profesional que publiques sólo lo que a ti te interesa. Ortega Spottorno, el editor histórico de Alianza, decía que lo primero que hay que tener presente es que una editorial no está para que al editor le gusten los libros, pero en nuestro caso vamos por otro lado. Olga dice a menudo que el libro que saquemos lo vamos a tener que defender. Iremos con él a la prensa, a presentaciones, acompañando al autor, y si no te lo crees, ¿cómo lo haces?

olga y paco

¿Influye en las decisiones el estado en que se encuentra la editorial?

Paco: No, pero sí que hay una cierta presión desde las distribuidoras para que publiques libros más convencionales, que saques clásicos…

Olga: En el Hay Festival lo hemos comentado a veces… hablamos de la sensación de tener al enemigo en portadalasmanos259x383casa. Siempre te dicen: “una editorial que solo se sostenga en nueva narrativa española y en introducir a escritores latinoamericanos desconocidos es inviable”. Pero pensamos que ahí es donde existe una necesidad en la que trabajar. Se habla mucho de la burbuja editorial, de que hay más escritores que lectores; sin embargo, sigue siendo muy difícil para un escritor joven publicar una primera o segunda novela. Creemos que lo que se escribe en español, aunque venga de ambos lados del Atlántico, es una sola literatura, pero cuesta mucho dar esa oportunidad a los lectores, las librerías, o los distribuidores.

Paco: Tengo la sensación de que por muchas joyas que tengamos, es imposible que lleguen a un público general, por cómo está el mercado actual…

Olga: Bueno, no me gusta quejarme siempre, si estamos es porque creemos en ello.

Paco: Ya, no es que compremos la figura del editor llorón, pero a ratos…

De vez en cuando está bien que se vea que los editores son humanos.

Olga: Si son pocos lectores, pero buenos, pues estoy orgullosa de esos lectores. Lo que pasa…

Paco: Es frustrante tener un libro de cuentos maravilloso y que solo se vendan sesenta ejemplares, por ejemplo. Cuesta ser optimista. Yo empiezo a estar un poco cansado de que haya más reseñas que lectores.

Olga: El problema es que nos creamos que un libro que nos parece importante no levante cabeza por una cuestión de tópicos, como que los libros de cuentos no tienen público.

¿Un Vargas Llosa, o un García Márquez, tendría hoy las mismas posibilidades en el mercado que hace treinta o cuarenta años?

Paco: ¿Te refieres a que un libro se imponga por su calidad, sí o sí?

Sí.portadaelanticuario259x384

Olga: Hemos editado dos primeras novelas que son brutales, Anatomía de la memoria y El anticuario, de las que no hemos encontrado ni una sola mala lectura y tratan temas esenciales. Tienes la sensación de que no sólo las hemos hecho nosotros, que los lectores se han volcado, y pese a todo hay un nivel de ventas relativamente bajo.

Paco: Los dos han tenido una enorme acogida en prensa, mayor que con cualquier otro de nuestros títulos.

Olga: Entonces te planteas la pregunta: ¿Qué más tienes que hacer para que ese libro llegue adonde consideras que tiene que llegar?

¿Cuál es vuestra mayor preocupación, dejando aparte las ventas?

Paco: Claramente, que las carreras de gente como Eduardo [Ruiz Sosa, autor de Anatomía de la memoria], Sergio Galarza [autor de una trilogía sobre el mundo del trabajo] o Miguel Serrano [autor de Órbita y Autopsia] no se vean frenadas o empantanadas. Afortunadamente, los autores a los que apoyamos tienen muy claro lo que hacen y cómo.

portadacamporojo259x386Olga: Cuando sacamos Campo Rojo, su autor Ángel Gracia ya sabía lo que cuesta vender un libro. Él conoce este mundo en todas sus vertientes como programador de actividades en la FNAC de Zaragoza, y por su experiencia como librero. Hemos tenido doce presentaciones en tres meses para una novela muy arriesgada, con la voz de un niño como narrador y con un marco muy adecuado (los suburbios de los ochenta), y un tema crucial para la situación actual de profunda transformación social como es la violencia de los niños contra los niños; ha sido comparada a obras como Últimas tardes con Teresa, de Marsé. El autor se ha ido a puntos de España, solo con su coche, volcándose totalmente con la promoción, y contando con una buena comunidad de apoyo detrás…

Paco: Una obsesión sería que la buena literatura no se convierta en un asunto de frikis.

Olga: Esa es la preocupación. Cuando te parece que un libro es tan bueno que tendría que tener más lectores, nosotros nos cuestionamos qué más podríamos haber hecho por ese libro.

Y explorando otras vías, ¿os habéis planteado hacer más traducciones como las que sacasteis portadaidenticoppde Kobo Abe o Akutagawa?

Paco: Es mucho más cómoda esa fórmula.

¿En serio? Tenía la idea contraria…

Paco: El mago ha vendido toda la edición con muy poco esfuerzo, y nos siguen pidiendo más.

Olga: La idea es sacar un título japonés al año, solo que este ha sido un curso complicado. Hay posibilidades de editar a Tanizaki pronto, y nos atrae mucho la literatura y cultura japonesas, aunque donde vemos realmente el vacío editorial es en lo otro. Hay editoriales que cubren el ámbito de la traducción muy bien, pero sentimos inclinación por descubrir a autores que no sean clásicos, o consagrados. Y sobre todo está la apuesta por los latinoamericanos, que en su continente tienen una repercusión que no han encontrado aquí.

Paco: En países como Argentina detectas muchas veces un desparpajo cultural que no hay aquí. Están menos anquilosados.

¿Leen más en esas latitudes, o es una falsa impresión?

Paco: Más importante que eso es comprobar que, a pesar del esfuerzo que supone en Argentina o en Venezuela, o en Colombia, comprar un libro (para un estudiante puede ser la beca de un mes), nadie cuestiona que sea un gasto superficial. Yo creo que aquí hemos pasado de la burbuja al frikismo.

Olga: No creo que nuestros alumnos de 2015 lean menos que los de hace treinta años, cuando empezamos a trabajar de profesores. Sigue habiendo entusiasmo.

Paco: La literatura no ha perdido potencia, pero quizá las condiciones sí que son más difíciles.

portadaemergencias7webOlga: Estoy convencida de que no hay menos lectores ahora que antes. Hemos traído hace poco a cinco de los autores de Emergencias, y es alucinante cómo los alumnos, muchos de ellos latinoamericanos, han leído sus cuentos con un grado increíble de análisis y de profundidad. Lo que hace falta es creérselo. Hace falta políticas escolares, políticas en las bibliotecas, de apoyo a los lectores; en cuanto haces un mínimo, ves que es más fácil motivar de lo que pensabas. Hay que buscar originalidad, dar becas también a quien lea y organice clubs de lectores, por ejemplo.

Paco: En Colombia hay un sistema de bibliotecas impresionante. Pero no se quedan ahí, muchos piensan en dar el siguiente paso: invertir en actividades con librerías. ¿Por qué no hay fondos para que las librerías puedan dar parte de lo que no pueden vender?

Si pudierais editar ahora mismo a un escritor de la literatura universal, vivo o muerto. ¿A quién escogeríais?

Paco: Bolaño. Quizá sea muy evidente, pero nos hubiera gustado acompañar su carrera…

No tenéis a chilenos en el catálogo.

Olga: Una asignatura pendiente es publicar a chilenos y colombianos. Volviendo a los autores que nos marcaron, me quedaría con Onetti. Lo leí muy joven y es clave para mí.

Paco: Y Rulfo también.

¿La literatura es negocio?

Paco: Es negocio cuando haces dinero. Antes de eso, no.

Los escritores, creo que a diferencia de los músicos, tienen una relación de amor-odio con la parte comercial del oficio.

Olga: Bueno, hay escritores de todo tipo. Cualquier escritor quiere vender, pero los que son, digamos de raza, son aquellos que no cambiarían en absoluto su proyecto literario por las leyes del mercado. A veces hay sorpresas, porque no existen métodos infalibles. Salvo tal vez dentro de la literatura infantil y juvenil, donde puedes encontrar fórmulas para orientarte.

Paco: Sí está claro que, a mayor complejidad, menos lectores. Lo que ocurre es que a veces lo que quieres explicar no lo puedes explicar de forma sencilla.

Olga: No hay formas definitivas de adivinar lo que va a funcionar. El acierto siempre llega después.

Paco y Olga posando con Luigi Pirandello.

Paco y Olga, de vacaciones con Luigi Pirandello.

Os voy a dar nombres de autores que habéis publicado, y me gustaría que me dijerais qué os sugieren. El primero: Quim Aranda.

Paco: El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo era mi historia. Era la mejor novela que había leído hasta el momento sobre el tema de la emigración, vista desde las entrañas del que sale, sobre aquello que deja atrás y de lo que ve venir. Tres generaciones y una narración extraordinaria. Hay a quien le parece que le faltaba un poco de amargura…

Olga: Quim siempre comentaba que su historia daba comienzo en el Cinturón de Ronda [2], que durante mucho tiempo rechazó su pasado andaluz. Era un periodista exitoso del Avui (fue director del dominical durante años), escribía únicamente en catalán… y cuenta que cuando se casó y regresó a Archidona [3] tuvo una portadaelavionppespecie de convulsión interna y descubrió que lo que vio allí formaba también parte de él. Así que incluyó ese homenaje a esa parte de sus orígenes.

Paco: Cuando la leí pensé en la historia de mis padres y de muchos que conocí, con sus recuerdos y sus imágenes en un medio bastante hostil, y me di cuenta de que nunca me la habían contado tan bien.

Olga: Pensamos que en esa novela se recoge como en ningún otro sitio lo que fue ese período de los cincuenta y sesenta, tan importante y tan paradigmático, que sentó la base de lo que es ahora este país [4].

Sergio Chejfec.

Olga: Chejfec es una de las grandes inteligencias que hemos conocido. Cualquier cosa que observa le provoca unas reflexiones a cada cual más interesante. De ahí que sus novelas sean también ensayos. No pueden avanzar porque son puro pensamiento. Es tal el grado de observación, la capacidad de encontrar lo insólito en todas partes. Pero lo que más nos gusta es su valor emocional, la emoción que hay tras la inteligencia.

portadalasalegresmuchachaspLázaro Covadlo.

Paco: Uno de los mejores contadores de historias que he conocido. Sabe insertar relatos en la narración como pocos. Hay gente que tiene que realizar grandes esfuerzos por escribir, pero él tiene esto como un don innato.

Como si hubiera venido de la tradición oral.

Paco: La tradición oral que nos resulta más desconocida, la tradición oral judía, o incluso de Europa del Este. Las salvajes muchachas del partido está escrita como una colección de titulares y noticias y repasa prácticamente todo el siglo XX a través de las comunidades judías de argentina pero también la revolución rusa.

Olga: Me hace gracia esa simbiosis extraña entre la lucha revolucionaria, el anarquismo, y la excentricidad de Baruj, un nuevo judío errante.

Paco: Todo ello presentado como en una novela de aventuras.

Ednodio Quintero.marian2

Olga: Creamos Candaya para publicarle a él y a Elvio Romero. Lees sus cuentos y encuentras pasajes y
mitos convertidos en riesgo, acantilado y letras. En él está el desparpajo y la falta de preocupación por el relato muy medido que tiene César Aira, pero está la exploración del lado oscuro del ser humano que puedes ver en Coetzee y el coraje de ir hasta el extremo de la literatura japonesa. Es a la vez muy americano y al tiempo muy contemporáneo, como podría serlo Vila-Matas.

Paco: Vila-Matas fue a Mérida a verle, y al regresar de un viaje por la zona más remota de los Andes (para llegar a casa de Ednodio) dijo que aquella biblioteca podía ser la suya propia.

Olga: Es el gozo del línea a línea. Es un prosista muy exacto.

Paco: Y al tiempo lo relacionas con toda la fragilidad del hombre contemporáneo.

Olga: Ahí está la batalla, un autor como él merece bastantes más lectores de los que tiene. ¿Cómo hacemos que un libro permanezca más tiempo que unos meses?

portadalamujerajena259x385Ramón Bueno Tizón.

Paco: Un ejemplo perfecto de lo que decíamos de los prejuicios y los tópicos. Es un autor muy desconocido en Perú y aquí, aunque ya lo habíamos incluido en Emergencias: Doce cuentos iberoamericanos, y sale con un libro de cuentos. Pero no queríamos ni podíamos dejarlo sin publicar.

Olga: Generalmente nos llega una cantidad de cuentos y eliges a partir de ahí. Pero La mujer ajena venía muy trabajado en conjunto, como libro ya era redondo.

Paco: Es difícil encontrar a un autor de cuentos tan honesto.

Olga: El libro va sobre seres que están incompletos por aquello que explicaba muy bien Cernuda de la imposibilidad de cumplir totalmente los deseos. Son cuentos distintos entre sí (en estilo y ambiente) sobre seres muy frágiles, muy gastados por las dificultades de la comunicación.

Paco: Teníamos la idea un tanto romántica de que hay libros que compensan de algún modo el resto del catálogo, que podíamos tener libros que funcionaran mejor comercialmente mientras otros títulos te daban el prestigio. Sin embargo, algo que hemos aprendido es que eso no es así, que tienes que lucharlos todos con la misma intensidad.

¿Qué tal va la colección Abierta?portadahablar300x450

Paco: Pues curiosamente funciona muy bien. Los dos últimos de Skliar han salido en esta colección.

Olga: Nos gustaría impulsarla. Es cierto que nos hemos volcado últimamente con la narración, pero nos damos cuenta de que es un buen momento para el ensayo. A veces hasta pensamos que es mejor momento para el ensayo que para la narrativa. Solo falta encontrar un proyecto lo suficientemente bueno.

¿Os planteáis publicar en catalán?

Paco: Hemos dado el primer paso con la antología bilingüe de Vinyoli.

Olga: Los homenajes están siendo espectaculares, con la coincidencia del centenario de su nacimiento. Nos gustaría mucho hacer ediciones bilingües, no sólo de poesía, también de narrativa.

¿Qué pregunta definitiva os hacéis cada día, respecto a vuestra vocación editorial?

Paco: Para mí, sin duda, es si seremos capaces de defenderlo. Hemos tenido entre manos textos que nos hubiera encantado publicar, pero que no sabíamos cómo moverlo. Eso sí es prioritario: el riesgo, pero siendo conscientes de que tenemos que creer en el proyecto.

Y aquí se hizo el silencio de los amigos. Paco encendió un pitillo. Olga recogió los libros que había ido dejando sobre la mesa, cubierta de marcas de vasos como eclipses. Nos había caído encima la tarde sin querer.

Foto de cabecera: Ángel Monlleó, para la revista Pliego Suelto


[1] En la segunda parte de El Quijote, capítulo XLI, se nos advierte (tras la llegada del famoso caballo Clavileño) contra el riesgo de tardar demasiado en llegar a un destino. Así: «que habiendo tres mil y tantas leguas de aquí a Candaya, si el caballo se cansa o el gigante se enoja, tardaremos en dar la vuelta media docena de años» (edición de la RAE). Pero también es una referencia a la posibilidad de vencer a un gigante y de recorrer grandes distancias en breves segundos. Parece que la inquietud descrita en este pasaje guarda paralelismo con la historia primitiva de la editorial, como atestiguan Olga y Paco en su entrevista con la web Pliego Suelto.

[2] El Primer Cinturón de Ronda, o Ronda del Mig, es una vía rápida que atraviesa Barcelona, pasando por las zonas de la periferia, desde la Zona Franca hasta la Meridiana, en un recorrido de más de 13 km. Fue planificada en 1907 por Léon Jaussely, el urbanista responsable del plan de ensanche (no confundir con el distrito de L’Eixample diseñado por Ildefons Cerdà) destinado a rodear el centro.

[3] Archidona es una población de unos 9.000 habitantes que pertenece a la comarca de Antequera, Málaga.

[4] Existe una interesante entrevista con Quim Aranda en el Diario de Córdoba, sobre este libro: http://www.diariocordoba.com/noticias/cultura/quim-aranda-todos-tenemos-pasado-revisar_374160.html

[Material extra en las páginas siguientes]

Geoffrey O’Brien. Conservas de los sesenta

Conversación que mantuve en Barcelona, a mediados de 2015, con un referente de la crítica cultural contemporánea norteamericana, a propósito de la publicación de su libro Tiempo de soñar. Episodios de los sesenta.

Todo lo relacionado con la década de los sesenta (los años de las etiquetas «baby boom», «contracultura» o «movimiento hippie») nos despierta curiosidad. Fue una época en la que el mundo hervía y se transformaba continuamente. Al mismo tiempo, los recuerdos de quienes vivieron entonces (sea por infancia, o por acumulación de experiencias y sustancias) suelen mostrarse borrosos, lo que da a pie a la mezcla de impresiones, el exceso en el uso de metáforas y tópicos, la nostalgia por los logros sociales, o la exageración del impacto cultural. Es por eso que el oficio del analista o comentarista (cronista, en definitiva) de la cultura popular resulta tan importante como el de fotoperiodista o conservador de museo.

Afirma Miles en su monumental libro Hippie, que la relevancia de los movimientos culturales, políticos (incluso religiosos) de los sesenta consistía sobre todo en desmarcarse de la sociedad, pues solo haciéndolo “era alguien capaz de observarla de manera objetiva, de descubrir lo que fallaba y qué había que hacer para solucionarlo”. Por otra parte, el recurso a plena luz del día de elementos perturbadores y alienantes (como el poema en prosa, el rock, el periodismo crudo, el LSD, las protestas contra Vietnam y un cierto halo de intelectualidad contradictoria frente al progreso tecnológico y al ecologismo), contenía una mezcla de provocación inconsciente (solo como reacción ante la figura del «hombre recto») y de una búsqueda espiritual tan verdadera como confusa. Muchos jóvenes de la época simplemente se dejaban llevar (recuerdo a Jerry Rubin en su libro Do It!, de 1970, contando que se apuntaba por sistema “a cualquier sentada, sea por la reivindicación que sea”), y otros muchos se estremecieron ante la idea de que aquello no fuese a durar para siempre. Por este motivo la posibilidad de una conversación con alguien que «estuvo allí» (aunque escribiese sobre ello con la exaltación, y el insomnio a ratos irresponsable, de un adolescente), me resultaba un viaje lo suficientemente fascinante como para dejarlo pasar.

Descubrí a Geoffrey O’Brien (Nueva York, 1948) por sus notas de introducción en las ediciones en VHS (y posteriormente en DVD) de The Criterion Collection. Es posible leer muchas de ellas, además de otras reseñas y críticas, en la página web de la distribuidora. Aunque no hice la conexión entre el nombre, la referencia y el escritor hasta que Alpha Decay no publicó su colección de episodios de los sesenta Tiempo de soñar en abril de 2015, si bien el libro (su segundo) está en inglés desde 1988, publicado por Counterpoint Press. Un breve vistazo a su biografía nos desvela que es hijo de Margaret O’Brien, actriz de teatro, y de Joe O’Brien, uno de los componentes originales de los Good Guys, un grupo de locutores de radio (dirigidos por Ruth Meyer) que dieron impulso a la era dorada de la emisora cristiana WMCA, a principios de los sesenta. El programa de Joe (también conocido como Morning Man) se emitía de seis a diez de la mañana, e incluía selecciones musicales de los 40 principales, intercaladas con comentarios de un lúcido sentido del humor, no exento de incisivos comentarios políticos.

Joe (primero desde la izquierda), locutor radiofónico de éxito en Nueva York, es el padre de Geoffrey O'Brien

Joe (primero desde la izquierda), locutor radiofónico de éxito en Nueva York, es el padre de Geoffrey O’Brien

Aparte de sus colaboraciones en medios como New York Review of Books, Boston Globe, Newsday, Filmmaker, New Republic o Film Comment, a los que presta su erudición juguetona y divulgativa, ha escrito libros acerca de novela policíaca, una historia de Time Square; reflexiones que versan sobre la experiencia de leer y del negocio cinematográfico; fotografías que, como bien describió Susan Sontag, “retrataban el corazón de Estados Unidos”; su Sonata for Jukebox es algo así como una autobiografía sonora de sus oídos. Pero tal vez sea este libro el mejor modo de empezar a conocer un trabajo entusiasta y profundamente evocador.

O’Brien es en la actualidad (desde 1992) editor jefe de la Library of America, donde se publican grandes clásicos de la literatura estadounidense. Pero el hombre con el que intercambio impresiones y sincronizo sorbos de San Pellegrino con limón es uno de los profesionales más del ensayo cultural norteamericano, destacando por su precisión y los certeros enfoques de sus escritos. Tiene una letra menuda, inclinada, con la que tomará continuas notas en su agenda a lo largo de la hora y media que duró la entrevista, fundamentalmente cuando aparecen referencias culturales de cualquier tipo. Estoy convencido de que las repasará en cuanto tenga un momento.

 

¿Qué le llevó a escribir Tiempo de soñar?

Fue en 1982 cuando escribí el primer borrador, durante el primer mandato de Reagan. Llevaba una vida normal, ya sabes, una familia, un trabajo… y empecé a tener impresiones muy vívidas de distintos episodios de los sesenta, mientras me hacía muchas preguntas acerca de en qué dirección iba una sociedad que parecía ir a la desintegración. Y cuando empiezas a pensar en tu adolescencia, teniendo cierta edad, te preguntas por qué recuerdas mejor determinados momentos, por qué surgen de repente cosas que no sabías que recordabas, y llegas pronto a la conclusión de que tampoco tienes el control de tu memoria. La memoria de los sesenta es muy fresca; la de los setenta te deja exhausto, y en los ochenta tenías esa sensación de ruptura, de querer algo diferente… y no me refiero a política únicamente, en la cultura también lo veías. Imagino que quería ordenar toda esa cantidad, esa invasión de recuerdos, aunque no de un modo sistemático… quería recuperar imágenes, situaciones, voces de personas…

En muchos momentos parece que colecciona frases de personas para poner las ideas en su sitio.

Sí, eso es lo que hice. Mucha gente me lo dice. Creo que cuando pones todas las frases que recuerdas juntas vas viendo un patrón, una forma, y hasta una progresión. No quería recopilar documentación para hacer una novela, o limitarme a unas memorias al uso, porque no tenía esa capacidad. De acuerdo, va sobre mi vida, cuento lo que pensaba entonces y veía o escuchaba, pero lo que especialmente me interesaba era tratar esos pequeños cambios que conducen a otros, y que puestos juntos te ayudan a entender mejor una época.

¿Diría que esa sensación de ruptura de la que hablaba está relacionada con cierta imaginería apocalíptica?

Algo de eso hay. A finales de los sesenta sí que lo notabas, no tenías que irte muy lejos para encontrar esa forma de pensar.

¿Ha leído a Robert Stone?

Aún no. Lo tengo pendiente.

portada_inglésEs un ejercicio interesante comparar su libro con Recordando los sesenta (Prime Green: remembering the sixties), de Stone… él decía que fue precisamente «el verano del amor» lo que terminó con aquella revolución. ¿Coincide con él?

Sí. De hecho, viajé a San Francisco con… veamos… diecinueve años. Y me lo perdí. No había tal verano del amor, fue algo muy breve. Me quedé esperando a que llegara, o que pasara otra vez. Pero no. Fue un momento de despertar, verme en un sitio más tranquilo de lo que incluso yo quería.

Esa transformación de la sociedad de finales de los sesenta, ¿se dio por igual en todos los EE.UU.? ¿Fue homogénea?

Mi experiencia se reduce básicamente a Nueva York y California. En Nueva York es imposible esa transformación, por tamaño y porque siempre ha sido la ciudad de la oscuridad, según el imaginario cultural. California es el lugar donde empieza esa búsqueda de algo diferente. Es el eterno sueño de la Costa Oeste. Es más una cuestión del tiempo que del lugar. Fue realmente en los setenta cuando se dio a escala nacional todo ese libertinaje masivo que asociamos al momento histórico.

Los sesenta fueron los años de experimentación, ¿no?

Bueno, está el factor de la inocencia. En los sesenta se buscaban cosas nuevas, frescas, pero los setenta eran más oscuros, y ahí es cuando se produjo la expansión.

¿Y los ochenta qué representan?

Fueron los años en los que escribí el libro. Un cambio de generación.

Acabó el libro un año antes de la caída del Muro de Berlín. De nuevo la idea del fin.

En 1978 y 1979 también existía. Fue otro período apocalíptico: Jonestown, la caída de varios gobiernos, la revolución del uranio… quizá ciertos fenómenos tan graves tuvieran sus raíces en los sesenta.

¿Estados Unidos se volvió un país más paranoico?

Es difícil de decir. Los que nacimos después de la guerra nos encontramos una sociedad más próspera y segura, frente a la época de depresión y guerra que vivió la generación de mis padres, que durante la década de los cincuenta repetían mucho lo de «nos merecemos esto». Los niños no lo apreciábamos ni lo tomábamos como un regalo, eso es cierto… lo que sí sucedió fue que a partir de esa época más sólida los cambios se produjeron a una velocidad increíble. Todo empezó a ir rápido. Es lógico desconfiar.

¿Hablaban sus padres de la guerra?

Lo hacían y no lo hacían. Si les preguntabas, te contaban algo, pero no salía de ellos. Mi padre no fue a la guerra. Mi tío sí, y quedó seriamente afectado. Así que, inevitablemente, eras consciente de que existía algo así, y al mismo tiempo se hacía énfasis en que vivíamos mejor. Y con razón: mi padre trabajaba en la radio, disfrutaba de éxito, residíamos en un barrio que era muy liberal, teníamos hasta comunistas y todo (Risas). Sé que no es una situación habitual.

¿Cómo veían Europa desde allí?

Mi padre estaba enamorado de Europa, concretamente de Francia. La consideraba una especie de paraíso en la tierra. No viajó a España, porque no le atraía debido a la situación política, aunque mi madre sí que había venido varias veces y conocía muy bien vuestra cultura. Ellos insistieron en que tenía que viajar a Europa cuanto antes. Con catorce años fue la primera vez que crucé el Atlántico. Y he perdido la cuenta de las veces que he viajado a Europa desde entonces. Buñuel es uno de mis héroes.

Por cierto, ¿qué ocurrió con el cine americano de los sesenta?

Era una situación curiosa: tenemos al viejo Hollywood haciendo películas según el sistema clásico y con estrellas al final de sus días (muy pocas se adaptaron a los nuevos tiempos), la calidad general del cine había declinado mucho, no funcionaba…

Hitchcock regresó a Inglaterra.

Exacto. Y por otra parte, está el cine underground, el cinéma vérité, la nueva ola británica… dentro de Estados Unidos tienes a Andy Warhol, o Kenneth Anger, que no impactaron comercialmente pero sí cambiaron de arriba abajo el modo de hacer películas.

Es curioso que tengamos la sensación de que no pasó nada en el mundo del cine, cuando hubo tanto y tan fascinante.

Solo que fuera de Hollywood. No hay forma de competir con la revolución que supuso el cine italiano y francés. A esto sumamos el descubrimiento del cine japonés… fue demasiado. La generación de Scorsese, Coppola, Spielberg, cambiaron Hollywood, pero ante todo llevaron el peso de una reinvención integral del funcionamiento de una industria.

Parece que el enfoque cultural anglosajón hubiese pasado del cine a la música.

Tomemos 1965, por ejemplo. Dos discos de Bob Dylan, Bringing it all Back Home, y Highway 61 Revisited. Este último se abre con «Like a Rolling Stone», nada menos. De The Rolling Stones salió «Satisfaction». Es el año en el que se forman Pink Floyd y Grateful Dead. El año del I feel good, de James Brown. Es una lista interminable de discos increíbles. En solo un año… y están The Beach Boys, por supuesto.

¿A qué Wilson prefiere?

Brian Wilson, claro. Dennis es interesante… pero Brian Wilson es la leyenda.

Habla de ellos en su libro.

Sí. Muy brevemente. Es la parte en la que relaciono el viaje en coche con la búsqueda espiritual, y entre las canciones que asocio a los automóviles no podía faltar la referencia a Beach Boys.

Hay una cita muy interesante de Brian Wilson que Jim deRogatis recoge en su libro Kaleidoscope Eyes, donde relata su primera experiencia con el LSD, y cómo era escuchar música durante ese viaje. La leo, porque tiene que ver con el momento en el que comenta que en los sesenta se buscaba más profundidad que evasión. Dice Wilson: «tal y como me prometieron, la música nunca sonaría con tanta plenitud, ni sería tan tangible; era más densa y pesada que cualquier otra música que hubiera escuchado hasta el momento».

Tiene que ver con este capítulo que mencionabas… veamos el capítulo… (saca su ejemplar de Dreamtime, y yo abro el mío. Buscamos el fragmento sobre la experiencia mística de Wilson y el ácido, en la página 102 de la edición española en Alpha Decay). Sí, aquí está. (Lee en inglés en voz suave aunque audible; aquí reproduzco la traducción). «Brian Wilson: ‘Mi experiencia de Dios se la debo al ácido; es lo más importante que me ha pasado en toda mi vida’. Después de esto, la canción puede tirar a la basura todas las cosas que la embarullaban —los asientos de piloto de carreras, las botellas de refrescos, el lápiz de labios color manzana de caramelo— para mostrar abiertamente su tema real». No identificaba con Brian Wilson la cita que has leído, por esto mismo: importa el tema real sobre lo que rodee a la canción, incluso habiendo usado drogas. Es interesante lo que comentas, que la intención de consumir drogas no era huir de una realidad. Eso se debe a que la realidad ya había engullido a esos jóvenes. No buscaban escapar, sino hallar un modo de asentarse. Eso que dice Wilson sobre la naturaleza sólida de la música tiene sentido. Me costaba identificarlo al principio.

Esta es una de las partes que más me gustan del libro. Cuando dice que «al mismo tiempo que [The Beach Boys] cantaban himnos polifónicos de deslumbrante pereza y concentración espiritual, eran víctimas de un delirio alucinante según el cual sus canciones trataban de pequeños Fords coupé y coches fardones que no ganan una carrera».

Encuentro un poco de contradicción en esa fórmula de predicador ambulante que ellos y otros tuvieron durante la época, que incluía una forma de vida muy mundana.

Como si se acercasen más a la meditación que a la oración.

Sí. Cuando escucho temas de los sesenta que hablan de lo espiritual, no detecto plegarias, sino algo más místico.

Algo que requiere un esfuerzo para llegar a una conexión.

No necesariamente drogas, pero sí, tienes que ir tú a buscarlo. No digo que sea el caso concreto de Brian Wilson, pero sí es un aspecto dominante en esta década.

Brian es uno de los primeros músicos en usar la palabra «Dios» para el título de un single.

«God Only Knows» no es mi canción favorita de ellos, pero hay que reconocer que los representa muy bien.

Quizá junto a «Good Vibrations».

Son las que todo el mundo ha escuchado, aun sin saber quién las compuso. Para mí Brian Wilson es casi el único, dentro de la música psicodélica, que ha creado una música que reproduce exactamente la verdadera experiencia de la que supuestamente parte. Esto se aprecia muy bien en esa edición que salió hace relativamente poco, las Smile Sessions. Esas canciones son más representativas de su momento histórico que el tipo de estructuras de blues que crea, por ejemplo, Eric Clapton.

En el libro menciona la interesante relación entre el artista y la ciudad, citando a Rimbaud. Me acuerdo de Cavafis, cuando dice que la ciudad «te seguirá donde quiera que vayas».

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Sí, este es otro de los pasajes en los que trato de describir la mentalidad de un momento particular, y de la idealización de la naturaleza frente a un entorno que siempre es oscuro y peligroso. Cuando vives en Nueva York esa idea es recurrente.

Poco después habla de esa forma de pasar el tiempo temiendo todo lo que sucede en esa gran ciudad…

Es algo que curiosamente viví más en California. Estábamos en guardia continuamente, no por la posibilidad de un riesgo físico, era algo psicológico.

¿Cómo era ese temor, exactamente?

Bueno, no nos gustaba que por el hecho de estar en un sitio concreto, se nos incluyera dentro de un contexto, o de un grupo social. Temíamos miedo de contaminarnos por otras formas de pensar, como si en cualquier instante fueran a convertirnos en alguien que no éramos. En la imaginación de la juventud, uno lo ve como si se tratara de La invasión de los ladrones de cuerpos. El mundo parece tan grave a esa edad…

¿Era difícil viajar por los Estados Unidos?

Difícil, ¿en qué sentido?

Bueno, no me refiero a algo peligroso…

Yo sobreviví.

Lo digo por el último capítulo de su libro.

Sí, hay una descripción sobre el lado lírico de moverte por las autopistas, no va tanto sobre hacer autoestop, o recorrer el país a pie. Eso sería otro mundo diferente. Respondiendo a tu pregunta, era más complicado de lo que parecía, pero cuando eres joven te adaptas más rápidamente a situaciones incómodas.

Usted se crió en Long Island…

Sí.

¿Qué clase de música escuchaba?

Mi padre estaba en la radio, y estábamos en contacto con músicos, así que sonaba de todo. Generalmente escuchaba clásica y jazz.

¿Y en su vecindario?

Sinatra, Gershwin… Benny Goodman… luego Miles Davis… de noche escuchabas la música escapando por las puertas entreabiertas de las casas.

¿Qué le ha quedado por contar de los sesenta?

Quizás haber profundizado más en los orígenes. Trazar otras comparaciones con el mundo digital contemporáneo, que no me parece muy agradable en cuanto a la soledad que contribuye a crear. En América, este período de los sesenta se ha ido limando hasta dejar solo los restos políticos, para que cada partido saque solo las cosas que le interesa resaltar de esos años. Mi libro no es polémico, ni tampoco muy político… estaba muy interesado en rescatar la esencia de las experiencias, las contradicciones de la época, rellenar los huecos de la memoria.


Citas escogidas de Tiempo de soñar. Episodios de los sesenta (Alpha Decay, 2015):portada_castellano

– “Si alguna vez existió el horizonte, es evidente que se repliega sobre sí mismo. Los lugares se estrechan”, página 20.

– “Lo habían recordado todo, o quizá se lo habían inventado”, página 21.

– “Los aparatos de la era de la comunicación, los discos, las películas y la televisión, sencillamente no comunicaban bastante. Tendría que haber algo más que una pantalla, pues de lo contrario todas las experiencias más íntimas transmitirían una extraña falta de autenticidad. Los ‘medios’ (el nombre aún sonaba a nuevo) prometían el mundo y luego nadie quedaba satisfecho. Como si hubieran acudido a curarnos de la desilusión”, página 61.

– “Aún es principios de 1967. De hecho, empieza a dar la impresión de que siempre será principios de 1967”, página 95.

– “El paraíso se nos consume convertido en reglas y rencores. Vivir en libertad termina siendo muy parecido a trabajar”, página 107.


AUDIO: O’Brien habla con Chris Carroll sobre la crisis de mitad de carrera de Duke Ellington, en The New York Review of Books (en inglés).