TRAVESURAS EN LA PRENSA

Irrupciones, de Mario Levrero. Criatura editora: Montevideo, 2013. 430 pp.

Los seguidores de Mario Levrero (Montevideo, 1940-2004) que residimos fuera de Uruguay nos acercamos a su obra con la ansiedad e irresponsabilidad de una activa militancia. Mi ejemplar llegó a través de un complejo envío gestionado por el Librerío de la Plata, gracias a su especialización en literatura latinoamericana. Y algo de clandestinidad tiene esta serie de ciento veintiséis textos, publicados primero en la revista Posdata (entre febrero de 1996 y junio de 1998), y escondidos años más tarde entre las páginas del suplemento Insomnia, en lo que una segunda edad de la colaboración para tratar de alterar el cambio de siglo. Fue en 2007, en una editorial argentina, cuando se produjo el intento primario de unir los dos volúmenes de Irrupciones publicados en 2001 e intentar dar una unidad a la transversal reunión de obsesiones de su autor, tarea que se ve finalizada con un meritorio trabajo de investigación. Como afirma el prólogo de Polleri, cualquiera de estas febriles irrupciones podría aparecer por unos momentos intercalada en muchos de sus libros, para luego dejar el recuerdo de un sueño al que se echa de menos.

En una de sus últimas entrevistas, cuando aún habitaba en nuestro mundo tridimensional, Levrero hablaba de que cada vez encontraba menos momentos de hipnosis frente al arte. Se me antoja pensar que entre estos textos el lector hallará, una vez leídos y picoteados, muchos pequeños trances, despertará ante breves milagros envasados, querrá coleccionar las posdatas dirigidas a otros escritores, curiosidades dignas del Libro Guinness, o trazados turísticos en círculo. Aquí se incluye lo que necesitamos de nuestro mundo, cosas a las que no queremos ni debemos renunciar: visitas inesperadas de un biólogo a quien nunca se le acaban las anécdotas, movimientos imposibles de ajedrez, interesantes lecturas de la carta a los Hebreos, espantos propios de una sala de espera para el dentista, instrucciones para el afeitado y para los besos, heroísmos de una linda hormiga, discursos rellenos, descartes que solo podían ser publicados con su esplendoroso tachado, la exploración de las tiendas del barrio a las que nunca entramos por un terror infantil que no alcanzamos a explicar… y con el rigor de la seria sonrisa de aquel presente previo a la obtención de la beca Guggenheim.

Hay un Mario Levrero que se permite un cameo entre estas páginas. Es un valor adicional del libro poder asomarnos a la persona (aunque sería más justo decir que él irrumpe), de un modo seguramente más cercano a la idea que él tendría para presentarse a sus lectores. Como breves destellos sobre el agua, el escritor se despoja de la máscara, o abre la puerta de la jaula para que podamos asistir (sentir con mayor intensidad) a la posibilidad de ser verdaderamente libres, ingenuamente nosotros, dolorosamente vivos.

Con este tipo de volúmenes suele quedarnos la duda de la intención comercial. Lo acostumbrado sería apoyar ese deseo completista sobre un autor determinado, pero si somos honestos, hemos de reconocer que una gran cantidad de veces el resultado es irregular, cuando no flojo. No sucede esto con Irrupciones, libro que forma parte de la obra y biografía de Levrero con todas sus implicaciones. Es tan útil para iniciarse en el descubrimiento del uruguayo como puede serlo La novela luminosa o su trilogía involuntaria; es tan desconcertante y lúdica esta recopilación de su producción en prensa (que no periodística) como su vida paralela de guionista de cómics, o creador de juegos y crucigramas. De hecho, esa necesidad del juego obsesivo con la lengua tiene en el contexto de la columna (datado en un período histórico anterior a la disolución de la prensa escrita) un inédito campo para dar salida (consciente) a la poderosa imaginación de Levrero, a su alma delicadamente inquieta. Si la literatura es una mirada al mundo desde una ventana particular, aquí nos dice Levrero que “un hombre mira la lluvia / desde mi ventana. / Luego advierto / que ese hombre soy yo”.