Patrocinio Ríos = Memoria sobre Jesús Fernández Santos

El novelista Jesús Fernández Santos.

En 2016 se cumplieron 90 años del nacimiento de Jesús Fernández Santos (1926-1988), y en 2017 se celebró el V centenario del nacimiento de la Reforma de Lutero. El novelista madrileño fue pionero en el siglo XX, dedicando una excelente novela al tema protestante. Me refiero a Libro de las memorias de las cosas, premio Nadal de 1970 y publicada en 1971. Después de haberse editado en varias ocasiones, Ediciones Cátedra lo hizo de nuevo en 2012, acompañando el texto de una amplia introducción y un sólido cuerpo de notas. El preparador de la edición de hace cinco años fue el profesor Patrocinio Ríos Sánchez, a quien pude entrevistar con motivo de este conjunto de circunstancias cronológicas coincidentes. Desde aquí, le doy las gracias por su interés y generosidad aportando, además, documentación extra.

Daniel Jándula: ¿Qué primeras impresiones tuvo al leer por primera vez Libro de las memorias de las cosas?
Patrocinio Ríos: Recuerdo que la leí con gran interés y emoción. A mí me interesaba mucho conocer la presencia protestante en la literatura española. De hecho, yo terminé haciendo la tesis sobre este tema, aunque no lo tenía previsto. En principio pensaba trabajar sobre el poeta Blas de Otero, a quien previamente dediqué mi tesina. Luego cursé una asignatura de doctorado con la profesora Sabina de la Cruz titulada Literatura Comparada y me propuso estudiar dos obras: La cisma de Inglaterra de Calderón y Enrique VIII de Shakespeare. El estudio comparativo de estos dramas sobre el protestantismo cambió el tema previsto de mi tesis doctoral. Dejé a Blas de Otero por los protestantes.

DJ: Y Libro de las memorias entra plenamente en ese campo.
PR: Naturalmente. Por eso la leí y la releí con mucho interés, pero también me produjo tristeza por la intolerancia que encontramos en la novela hacia los protestantes en distintos aspectos. Por ejemplo, al construir la capilla, o al llevar a cabo los enterramientos. Se perseguía a los colportores, se boicoteaban cultos, se les atribuía la compra conversiones…, es decir, hostigamiento y difamación. Es lo que leemos en la novela como “el cerco de Roma”. Pero por otro lado está el conflicto interno de los protestantes, es decir, el que surge entre la institución y los individuos que la forman. Todo ello merece una reflexión.

DJ: ¿La considera una novela importante?
PR: A mí me parece una novela de gran importancia, tanto desde el punto de vista artístico como desde la perspectiva de la historia de las mentalidades y de la literatura de tema religioso. Se condensa en ella un siglo de historia sociorreligiosa de España. La novela sitúa la acción entre el último tercio del siglo XIX y el año 1970. Este periodo está inserto en un determinado paradigma social y cultural y en la acción narrada encontramos signos propios de ese paradigma de la Modernidad y el anuncio de otro.

DJ: ¿Qué signos?
PR: Por ejemplo, la preocupación intraeclesial como institución que se advierte en ambos lados confesionales, es decir, en los católicos y en los protestantes. Las iglesias lo que hacen es sacralizar las estructuras eclesiales: los católicos impidiendo la vida de los protestantes; los protestantes refugiados en su capilla. Otro signo es el de la secularización posmoderna, que advertimos en los hijos del herrero y también en la universidad, como testimonia Adela, la hija de Muñoz. Por otra parte, su hermano Alfredo Muñoz también cuestiona ciertas verdades. Se están agrietando las estructuras institucionales y no sólo en el ámbito religioso.

DJ: ¿Y qué ocurre con las fórmulas jurídicas en materia religiosa?
PR: La fórmula legislativa que rige en España durante el siglo de duración de la historia narrada es bastante restringida y hasta reaccionaria en muchos periodos. Basta mirar las Constituciones desde la de 1869 hasta el Fuero de los Españoles. Libertad religiosa sólo se consagra en la Constitución de 1868, de breve duración, y la de 1931, de más corta existencia aún. Y no olvidemos que el Concordato, que se extiende desde 1851 a 1953, determina el espíritu de la época.

Patrocinio Ríos, artífice de la edición en Cátedra de Libro de las memorias de las cosas.

DJ: Si le preguntaran por qué hay que leer esta novela, ¿qué razones daría?
PR: Las razones pueden ser de tipo artístico y de tipo cultural o temático, de mentalidad. Decía el profesor Gonzalo Sobejano que Libro de las memorias debía ser leída tanto por el laico como por el hombre religiosamente preocupado. A este último se le plantea un problema: si es católico, porque la intolerancia de esa Iglesia excluyó a una parte del cristianismo. Si es protestante, porque una parte de la Comunidad protagonista de la acción se aleja de las estructuras eclesiales: unos por enfriamiento y otros por razones distintas, alguna grave. Se cumple esa observación sociológica de que lo que era sólido se empieza a desvanecer. Posmodernidad.

DJ: ¿Y el laico?
PR: Quien no sea ni católico ni protestante ni esté preocupado por estas cuestiones puede encontrar en ella una prosa de gran calidad y temáticamente un tema poco frecuente, “insólito”, como se dijo, en la historia de la literatura española. Libro de las memorias muestra, además, otro de los aspectos de la personalidad creativa de Fernández Santos, la influencia o la perspectiva cinematográfica.

DJ: ¿Cómo se produjo la posibilidad de editar en Cátedra la novela?
PR: Como yo creo en el valor literario y significativo de Libro de las memorias, se lo propuse a una editorial igualmente importante. En unas cuantas líneas les presentaba el proyecto y las razones, y Ediciones Cátedra me respondió favorablemente. Tuvimos una reunión para tratar el asunto. Todo terminó como deseábamos todos y como la novela se merece.

DJ: ¿Tuvo fácil acceso a documentación protestante para elaborar el aparato crítico?
PR: Yo conocía gran parte de los acontecimientos históricos que aparecen en la novela. También había buscado información en la prensa que se hicieron eco por haber recibido el premio: diarios, revistas literarias, suplementos, es decir, en las hemerotecas. Luego en las bibliotecas y en la historia del protestantismo. El acceso al aparato crítico fue relativamente fácil, aunque como siempre en estos trabajos hay que revestirse de paciencia y constancia.

DJ: ¿La considera una novela histórica?
PR: Sí. Podemos considerarla una novela histórica, pero esta modalidad hay que entenderla bien porque el sintagma novela histórica es una paradoja, pues novela apunta hacia la ficción e histórica a la disciplina que mediante técnicas científicas narra hechos verídicos acontecidos en diversos campos de la sociedad. Ahora bien, Fernández Santos no ha pretendido reconstruir la historia del protestantismo. Esto a mí también me parece que hay que dejarlo claro y entenderlo. La novela tiene un pasado o un fondo histórico reconocible y eso es lo que, efectivamente, define al género de la novela histórica. Pero como novela, Libro de las memorias también tiene mucha ficción proyectada sobre ese fondo. Esa ficcionalidad no hay que olvidarla. Una cosa es la poesía, la literatura, la ficción, y otra la verdad histórica. El creador, como decía Aristóteles, no tiene por qué hacer historia cuando trabaja para el arte sobre un fondo histórico.

DJ: Se dijo en su día que los protestantes no están bien reflejados en la novela.
PR: Sí, es cierto. Pero, como digo, no hay que perder la perspectiva. Porque el que sea novela histórica no quiere decir que sea historia ni historia anovelada. Y hay que leerla como novela, como ficción. Es, pues, novela histórica, sí, pero no historiografía. Sería un error si la leemos como historia verdadera. Y se han dado casos de hacerlo así.

DJ: ¿Qué importancia tiene Jesús Fernández Santos en la literatura del siglo XX? ¿Y Libro de las memorias de las cosas dentro de su producción?
PR: Fernández Santos es muy importante su generación, conocida como Generación del Medio Siglo o de los 50. Es el primero que abre el camino del Neorrealismo de los 50 con Los bravos, que se publica dos años antes que El Jarama, que apareció en 1954, de Ferlosio. Eugenio de Nora dijo que esta novela es “la primera obra plenamente representativa de la nueva promoción”, y Sobejano asevera que “nadie podrá discutir desde un punto de vista estrictamente cronológico dicha prioridad”. Eso por un lado. Por otro, Fernández Santos es el primero en acercarse al tema protestante en la novela en la historia contemporánea. Antes que Galdós con Rosalía, pues el novelista canario dejó olvidada esa novela conocida ahora así, y entonces incompleta, y transformó parte importante de la misma: al personaje protestante, Horacio, de la que es hoy conocida como Rosalía lo convirtió en un judío llamado Daniel Morton. Esto junto a algunos otros cambios dio lugar a Gloria. Rosalía se desconocía hasta que fue publicada en 1983. Y El hereje de Delibes, por ejemplo, es ya de 1998.

DJ: Dado que estamos en el V centenario de la Reforma, ¿podría destacar algunas otras obras literarias que tratan el tema del protestantismo?
PR: Pues junto a esas tres novelas habría que señalar otra: El caballero de Sajonia, de Juan Benet. Luego hay también sobre Lutero tres dramas: Lutero o la libertad esclava, de la cordobesa María Manuela Reina; Yo, Martín Lutero, de Ricardo López Aranda; y en el siglo XIX publicó un poema importante Gaspar Núñez de Arce titulado La visión de fray Martín. Semejante es el título que el poeta protestante Carlos Araujo Carretero le dio a otro poema: La misión de fray Martín. Y últimamente han ido apareciendo algunas obras igualmente relacionadas con el asunto. Entre ellas, Memoria de cenizas de Eva Díaz Pérez.

DJ: ¿Y qué puede decirme del poeta gallego Manuel Curros Enríquez? Se dice que fue protestante.
PR: No me cabe ninguna duda de que, en su juventud, tuvo vinculación estrecha y formal con el protestantismo. Ya dije y demostré en una ocasión que el joven Curros formó parte del cuadro inicial de la primera iglesia que la denominación Bautista abrió en Madrid por obra del misionero y profesor William Ireland Knapp, un hispanista norteamericano que pasó los años de Sexenio democrático asentado en Madrid. A esa iglesia protestante fundada en 1870 estuvo vinculado Curros Enríquez, muy joven entonces. Eso es incuestionable.